Laundry calling (part 1)
Buenos días:
Fin de estas nefastas fiestas tan señaladas con un (ays, cómo odio también esta expresión) un broche de oro más gordo que las joyas de la corona: un viaje a Londres para arrasar en las rebajas y asistir al concierto de la retomada gira Showgirl de Kylie Minogue. El balance final: este viaje me ha arreglado las fiestas pero me ha dejado la cuenta bancaria tiritando y en coma profundo. Menos mal que ya contaba con ello...
Me fui para allá a la prudencial hora de las 7.30 de la mañana, pegándome el madrugón padre para aprovechar bien la primera jornada. Al llegar al hotel, me encontré hacinados en una habitación de unos 15 metros cuadrados a Claudio, Ann y Flat, envueltos prácticamente en un horrorosísimo papel pintado de flores y apestosa moqueta. El baño, por llamarlo algo, era como el WC de un avión al cual le habían incluido una ducha mini mini, todo fabricado en plástico de primera calidad y con cero detalles. Era muy interesante el hecho de que si querías que te cambiaran la toalla que te otorgaban el primer día, tenías que pagar una libra por ella (una libra equivale más o menos a 2000 euros). Mi toalla, antes de usarla, ya olía a comida oriental pero decidí asumir mi condición de superviviente en aquel antro sin gastarme un duro más, que bastantes panojas llevábamos ya gastadas. Del desayuno sólo hizo uso Ann una mañana, pero la escasez y el cutrerío que nos contó hizo que decidiéramos comprar unas cookies en el Tesco cada mañana y listos.
Así que llegué, me horroricé, solté los bártulos y me llevé a mis tres pequeños saltamontes al templo de la moda por excelencia: el Top Shop de Oxford Street. Más que templo, un orgasmo. Llegué tan emocionada que se me bloquearon los circuitos de mala manera y no sabía qué llevarme. Cogía cosas y las dejaba, las volvía a coger, subía una planta, cogía otra y dejaba esa... En fin, que tantas maravillas dispuestas en cada rincón que no sabía por dónde empezar. Había otra cosa muy importante que me echaba para atrás: las tallas. Casi todo era enorme, pero muy grande, y tampoco era cuestión de llevarme cualquier cosa en dos tallas más porque me gustara y fuera barato. Entró en juego mi sentido común -demasiado, para mi gusto- y de textil me llevé sólo una camiseta. Donde sí arrasé con cierta fastuosidad fue en la zona de accesorios, y me hice con todo tipo de collares, pendientes y zarandajas varias, muchas de ellas no demasiado baratas. También sucumbí a unas botas de corsario de esas que llegan por encima de la rodilla; ahora que sigo siendo joven puedo hacer estas cosas, aunque dentro de dos años reniegue de esas botarras. Hoy estoy orgullosísima de ellas. De cualquier forma, salí toda azorada del Top Shop y más cuando a la cajera se le olvidó cobrarme un broche y me pitó a la salida, y el segurata me quería detener; luego decidió que me regalaba el broche porque era muy simpática y yo decidí que quería irme y quitarme de líos. Ahí le dejé con su broche que, por cierto, al día siguiente no estaba porque volví a por él. ¿Será chorizo?
Con mis amigos ya odiándome profundamente por mi tardanza salí y nos encaminamos hacia el Urban Outfitters, justo al lado, pero ahí ya se me habían bajado bastante los agobios rebajiles. Además, no había tampoco nada especialmente bonito y todo era aún más caro que en Top Shop, por lo que las compras se limitaron a un bolso antigüito, un libro y un tebeo. Mañana nos quedaba aún Camden y a mi Visa ya le estaban dando espasmos. Además, el concierto de Kylie estaba a punto de empezar y Claudio se estaba poniendo ya de todos los colores, así que lo mejor sería irse yendo al hotel para evitar que se pusiera a echar espuma blanca por la boca.
PRÓXIMO EPISODIO: luego, que ahora tengo jaleíllo.
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peroquépúblicomástontotengo / Website (8.1.07 11:30) Tal cual me lo han contado estos... Menos mal que reconoces que cuando ves una tienda te vuelves loca!!! |
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er manué / Website (8.1.07 11:43) ...esas botas de corsaria. Necesitas un sombrero de ala ancha (sin pluma) |