Archives
Vacacionando...
Buenos días:
Por fin consigo actualizar, pensaba que 20six ya me habría puesto en su lista negra de personas que pasan de su blog y no actualizan jamás por no escribir nada desde el 18 de julio, día en que comenzaron mis vacaciones. Lo cierto es que estoy descansando de casi todo lo que tiene que ver con mi vida habitual en Madrid; lo primero, el odoroffice, mi mayor fuente de asco, estrés y agotamiento intelectual y no precisamente por el esfuerzo laboral que hago, sino por lo cansado que es el intentar hacer comprender a una persona que Hedi Slimane es uno de los mejores diseñadores de todos los tiempos y no un tierno personaje de dibujos animados japoneses. Lo segundo, el ordenador. Desde que me marché el 18, no me he conectado a internet para nada, sobre todo porque los sitios en los que he estado no me ofrecían conexiones de ningún tipo y también porque realmente no me apetecía. Ni internet, ni JNSP, ni cotilleos de Hollywood (en revistas, únicamente), ni patata, ni salidas nocturnas, ni maquillaje... Estoy realmente descansando de mí misma, que agoto bastante.
Primero he estado en Barcelona, desde donde Juice y yo partimos al FIB. Las colas y el calor pegajoso hasta dentro del agua hicieron que prefiriera el Summercase al FIB, aunque el concierto de Franz Ferdinand lo justificó todo, hasta el precio de las entradas y del coche de alquiler. Aún estoy afónica y con agujetas de aquella hora y media tan tan tan bestial. Volvimos a BCN y al día siguiente cogí mi avión de vuelta a Madrid. Craso error, porque el cacharro aterrizaba en la T4, lo cual implicaba un 800% de probabilidades de que me perdieran la maleta; dicho y hecho: llego a Madrid y mi maleta, con toda mi ropa de verano fresquita y apañada, no. Al día siguiente me iba a Túnez, así que la situación era verdaderamente asquerosa. Iberia no me ofrecía ninguna solución, sólo un 902 al que llamar para escuchar musiquitas y esperar hasta que localizaran mi maleta (ya se sabe, los trayectos difíciles como BCN-MAD son los peores. No quiero ni pensar cómo será ir con Iberia a Kuala Lumpur haciendo dos escalas; no te llega ni una rueda de la maleta), así que me tuve que ir a mi siguiente viaje con unos bikinis del año de la pera y unos modelos lamentables. Todo esto fue antes de la famosa huelga del Prat, ojo. Así que, semana y media después, continúo sin mis cosas y sin una respuesta coherente por parte de la peor compañía aérea del país. ¡Que luego digan de Ryanair!
Hoy nos vamos a Roma a lo de Madonna. Ayer me pasé toda la tarde intentando recomprarme el contenido de mi maleta para ir en condiciones a la Ciudad Eterna, pero ya no queda nada en las tiendas. Muchos euros y muchas compras que no me satisfacían nada después (yo quiero lo de mi maleta, no lo que me tenga que comprar ahora) me fui a casa arruinada e insatisfecha. Menos mal que los diez minutos que paré en una terraza con mis amigos me animaron un poco. Para una persona como yo, que le pierdan una maleta con sus últimas modas del verano es como si le amputaran un brazo, de verdad-
Y nada, me voy a hacer mi equipaje romano que no pienso facturar ni aunque venga la Guardia Civil a obligarme. Me tendrán que arrancar mi maleta de mis manos muertas, pero yo no la dejaré a su suerte en la cinta para que desaparezca en esa especie de limbo maletil que hay detrás de los mostradores, un lugar incierto donde las cosas de los pasajeros pululan sin sentido de un lado para otro perdiendo sus identificaciones para no aparecer jamás. Por supuesto, esta tarde NO vamos con Iberia a Roma; yo no vuelvo a utilizar esa compañía ni aunque me regalen los billetes.
NO HE MUERTO: así que no penséis que he abandonado el blog. Simplemente estoy de vacaciones.
PODÉIS: leer las entradas antiguas, que están interesantísimas, really.
FELICES VACACIONES: para todos! Vuelvo el 9 a la vida normal.
Roma, città de mierda
Buenos días:
Se acabaron las vacaciones, vuelta a Odoroffice y a la caspa habitual que aquí me rodea. Espero que por poco tiempo, pardiez...
Mi último destino, como ya dije en mi última entrada del blog, era Roma, donde casi todo el equipo de JNSP acudíamos a ver el concierto de Madonna y, ya de paso, visitar esa famosa ciudad origen de la civilización occidental y bla bla bla. Bien, pues por hacer un resumen rápido de la impresión que casi todos (menos Aíndas y Toledator, creo) de este fastuoso lugar es la siguiente: NO VUELVO MÁS NUNCA A ROMA. Pero más nunca, ni aunque nos inviten ni aunque nos obliguen ni aunque nada. No vuelvo más nunca a Roma. Pero esto no quiere decir que no lo pasáramos bien, nada más lejos de la realidad; simplemente nos decepcionó enormemente el lugar, pero nosotros nos reímos de todo como habitualmente hacemos y nos lo pasamos divinamente a pesar de la adversidad. Y hubo muuuucha adversidad. ¿Cómo empezar a contar todo? Por capítulos, que será lo más sencillo. En fin, procedo.
Termini, el paraíso
Nuestra llegada al Fiumicino fue tranquila y sin incidentes. Mientras esperábamos la maleta de Claudio en la cinta (yo no facturo ni auqneu venga la Guardia Civil a por mí) encontré un montón de sorpresas utilísimas y de tres grande classe. Los descargadores de maletas debían haber reventado un neceser, así que por la cinta no paraban de pasar cremas, botes y tubos que me tentaban locamente. Al principio Claudio no me dejaba coger nada alegando vergüenza ajena (unas jóvenes italianas a mi lado me miraban con extrañeza) pero al final me conseguí zafar de sus brazos y abalanzarme sobre tan preciados objetos. Me hice con una crema de día y otra de noche, así como un frasco nuevecito de una fragancia llamada TOPACE que olía a vieja rancia. Todo era de la marca Avon. El muy pánfilo no me dejó coger un bote de edulcorante líquido delicioso que no paraba de dar vueltas por la cinta. Me lo eché todo al bolso, cogimos el equipaje de Claudio y nos dirigimos a coger ese barato tren que te lleva a Termini que sólo cuesta 9,50 euros y que va rapidísimo.
Justo antes nos llamaron los Caniches, que ya habían llegado y que estaban un poco asustados con el cutrerío del Bed&Breakfast que teníamos reservado para toda la troupe. El miedo empezaba a dominarme...
La llegada a Termini fue inmejorable: una vía enorme llena de mochileros, edificios requeteviejos alrededor, olor a meados... Recorrimos unos 50km de pasillos oscuros para coger el metro pero cómo ya eran las diez de la noche, ya estaba cerrada nuestra línea. ¡Incautos! Salimos a la calle y todo mejoró muchísimo. Triple de olor a meados, contaminación, homelesses por todas partes, vendedores de imitaciones cutres, borrachos, yonkis, aceras llenas de mierda. Decidimos ir andando al B&B porque estaba cerca, y vaya si lo estaba, pero qué camino más agradable. Encontramos a los Caniches y nos llevaron al "hotel". Para aquellos interesados en vivir en la cochambre, se llama Family House y está en la calle Bixio número 72. El tío que nos registró se empeñó en poner la habitación a nombre de Claudio, a pesar de que la reserva estaba al mío. Cosas del machismo. Subimos a la "habitación" y lo primero que recibimos es una intensa bocanada de aire rancio. ¿Habría un cadáver en descomposición ahí dentro? Uno o dos. Además de una manita de pintura, el habitáculo necesitaba un ambientador, un aire acondicionado de verdad y unas ventanas verdaderamente aislantes del ruido.
El simpático responsable del hotel nos recomendó un restaurante abierto para cenar a esas horas (eran ya las once) y nos dieron la pizza más reseca del mundo por un precio no muy elevado. ¡Gracias por la recomendación, desgraciao! Quisimos tomar una copilla para acostarnos tan borrachos que no pudiéramos ser conscientes de dónde dormíamos, pero en ese barrio no había NADA, pero NADA DE NADA. Lo único, un bar de gays llamado Max's con una pinta bastante sórdida, pero sólo abría viernes, sábados y lunes (¿¿??), y como era jueves no nos quedó más remedio que hacernos unas bonitas fotos en unas Vespas que había por la calle e irnos a dormir a la cochambre. El cutrerío no había hecho más que empezar...
MAÑANA O LUEGO: prosigo.
ANUNCIO: que el viernes 18 de agosto Las Gavilanas volvemos a pinchar en el Barbarella pero a la hora fetén, de 3 a 6!!! Este notición va cargado de novedades que ya iré transmitiendo a lo largo de estos días. No me falten.
Truñociones en Roma
Buenas tardes:
¿Por dónde iba ayer? Ah sí, por que un jueves por la noche no hay nada que hacer en Roma. Bien, pues el viernes nos levantamos medianamente temprano para hacer turismo y bajamos a "desayunar". El refrigerio consistía en que te daban un vale, bajabas al bar de al lado (un local cutre a más no poder con unos empleados que parecía que te estuvieran haciendo un favor dándote de desayunar) y procedías a tomarte un capuccino -que no caffè latte, que no estaba incluido- y un bollo del día anterior. Si lo sé no me levanto para eso. Consumimos las viandas y nos fuimos corriendo a visitar la ciudad, a ver si se nos pasaban el asco y el mal rollo. Eso sí, antes de marchar le dimos la llave al borde de la recepción porque no sólo no la podíamos llevar con nosotros, sino que había que llamar a la puerta para entrar. Vamos, como tener ocho años y que tus padres no te dejen las llaves, pero ahora y pagando.
La visita fue bastante satisfactoria pero agotadora; los adoquines romanos son un martirio para los pies, pero también nos pasamos ocho pueblos con la visita: columna de Trajano, Piazza Venezia, máquina de escribir, Foros desde arriba, Piazza Navona, Piazz del Popolo, Piazza Spagna, Fontana de Trevi... Calculamos unos ocho kilómetros a pata. Ya por la tarde volvimos al "hotel" a recomponernos, cenar y tomar algo, que ya llegaba el resto de nuestros amigos. Pues no, no llegaron todos porque a Supervago Iberia decidió hacerlo una víctima más del overbooking y dejarlo en tierra hasta el día siguiente. La otra novedad fue Aíndas durmiendo con Claudio y conmigo en la habitación.
Contingente español en el Max
Después de cenar no muy caramente cerca del "hotel" nos encaminamos hacia el Max ante la imposibilidad de encontrar nada mejor por allí. Después de pagar diez euros y de estar prácticamente solos en un bar con dos señores de cincuenta años y la música bajísima, nos marchamos decepcionados a una Fiesta Madonna en un bar no muy lejano. Después de caminar por algo muy parecido a las Barranquillas, encontramos el lugar que no era otra cosa que una cueva a 40ºC y un 99% de humedad en la que no había quien respirase. Una lesbiana bordérrima vigilaba la puerta y sólo nos dejó entrar a tres, que salimos de allí despavoridos. Mientras nos quejábamos de lo cutre que era aquello, fuimos haciendo pandi con un móntón de españoles que no querían o no podían entrar en aquella sauna y de repente tomamos una gran decisión: irnos todos juntos al Max, que era el mejor plan (cómo serían los demás).
Una vez allí ya había un poquito más de gente, pero tampoco era la bomba. Después de varias copas y varias cervezas a mí no me quedó más remedio que usar el servicio de tan insigne establecimiento; aquello era un baño turno infecto y mixto en el que no sé cómo no me cogí ocho gonorreas juntas, porque menudo asco, pero al menos conseguí miccionar. El Max cerró como a las tres pero nos lo mantuvieron abierto a los españoles que no parábamos de consumir y animar aquel sitio muerto. El camarero estaba que no se lo creía, yo creo que nunca había visto tanto dinero junto en sus manos.
No sé a qué hora reaparece Claudio bastante pedo; muy pedo, diría yo, porque el pobre vomitó todo lo vomitable y más en la calle, mientras dos maricas italianos nos traían un vaso con hielos y, excitados ante la imagen del vómito, se magreban con mucha profusión a nuestro lado. Vaya parafilias, pardiez. Con Claudio como un cadáver nos presentamos en el alojamiento a una hora indecente, y el dueño salió de muy mala ostia a abrirnos la puerta.
Mi despertar el sábado fue dulcérrrimo; Supervago a las once de la mañana llamando a la puerta desesperado porque el dueño del "hotel" no le dejaba subir a su cuarto con Iko. Según el dueño, Iko se había ido hacía un rato con una ragazza rubia, su novia, de paseo por la ciudad. No sabíamos cómo hacerle entender que Iko no tiene novia ni rubia ni morena. Al final subimos y, después de asegurarse de que no había ragazzas ni ostias, ya le dejó entrar. Gracias por desvelarme, me pareció fenomenal.
AHORA: ya va quedando menos, en una entrada más lo ventilo.
No vuelvo más nunca a Roma
Buenas noches:
A ver si termino ya de una maldita vez mi antiguía de Roma porque esto se me está alargando más que un día sin pan. En fin, intentaré ser más breve y concisa y no escribir un ladrillo de millones de palabras.
Sábado: preparando la programación del Coliseum
Con Supervago ya en el "hotel", partimos toda la familia a ver lo más significativo de Roma, el Coliseum, los foros y el Palatino. Hacía un calor de mil demonios y había una hora y pico de cola para entrar al Coliseum, así que hicimos un poco el primo de coger un guía que por unos pocos euros más te cuela y te lo explica todo que da gusto. No encontramos ninguno español así que nos acoplamos a uno que se parecía a Robert Redford hace doscientos años y que al final resultó ser americano-americano. El vigoroso y bien formado guía nos lo contaba todo con un extraño acento que bien podía ser de Wisconsin o Utah, porque no nos enterábamos de mucho. Sin duda, lo que más nos sedujo y mejor comprendimos fue lo de los espectáculos que se celebraban en aquel circo durante su apogeo, entre los que había algunos tan bizarros como batallas de puercoespines (¿¿??) y, el mejor: mujeres contra enanos. Todas las luchas, claro, eran a muerte. Una de las diversiones de ese día fue planear la programación para el Coliseum en 2006: travestis contra transexuales, fans de Pete Doherty contra fans de Carl Barât, anoréxicas contra bulímicas, tullidos contra anestesiados... En fin, un juergón. Ann O'nadada y yo no parábamos de preguntarnos cuándo Robert se dejaría de tonterías y se untaría el cuerpo en aceite para escenificar en vivo y en directo las luchas de gladiadores, pero nada, no había manera. Éste es un aspecto que habría que mejorar en las visitas guiadas con Robert.
Nos despedimos de este bien formado guía (pero poco claro en su expresión oral, que no física) para que nos recogiera Gill, la joven que nos acompañaría por el Palatino. Esta mujer hablaba como los ángeles, muy despacito y pronunciando cada sílaba como si le fuera la vida en ello. A mí me encantaba oírla decir "Romulussssss and Remuusssss" mientras entornaba los párpados en completo éxtasis explicativo (ella, no yo). Gill nos descubrió algo que también sería el jolgorio del viaje: el verdadero color de las cosas. De repente, se paró ante un risco absurdo y nos dijo que prestáramos atención. Vació media botella de agua de Roma -que es muy buena y te deja sanísima, como también nos explicó- en el risco, que se volvió de un curioso azul turquesa. A partir de ese momento, nos dedicamos a rociar cualquier cosa con agua de Roma para poder observar su verdadero color, incluso a nosotros mismos. Hay que ve lo maja que era Gill.
Agotados, regresamos al cutrerío del alojamiento, nos fuimos a cenar cerca del Trastevere, quedamos con Eva, Toledator y Sergio, comprobamos que en Roma por la noche sólo hay perroflautas, dejamos a todos en el Max's y Aíndas y yo nos fuimos a dormir, que al día siguiente había Madonna y antes queríamos ir al Vaticano a darle a Bene la acreditación al concierto en persona. Lo que pasó cuando nos fuimos a dormir lo debería contar Claudio en estos comentarios que he reabierto.
Domingo: Patata vetatta y Madonna
Mientras Claudio estaba histérica diciendo desde las ocho de la mañana que se quería ir a hacer cola al estadio olímpico, Supervago, Iko, Aíndas y yo nos fuimos al Vaticano mientras los demás se quedaban atando a este sujeto a la cama para que no se marchase. Bueno, fueron todos menos yo, que me quedé vetada en la puerta dada mi sensualísima indumentaria: mis pantalones eran demasiado cortos. ¡¡¿Es que no sabéis que el resto de mi ropa está perdida en una maleta?!! Lo frustrante era ver cómo dejaban pasar a unos vestidos de Marilyn Manson o de bakalaera y a mí no, cuando sus ropas eran mucho más ofensivas a ojos de Dior.
Cuando ya salieron yo me dediqué a ser timada y disfrutar con ello. A pocos metros del Vaticano me compré mi ansiado rosario (chayo) perfumado por cuatro euros; unos metros más alante lo vi por tres y medio y decidí comprármelo también. Cuál sería mi sorpresa cuando en la calle de al lado estaban a tres, así que también me lo compré. Decidí dejar en la tienda otro que vi de dos euros porque ya me daba vergüencita, pero me llevé regalos para toda mi familia de muy diversos precios. Qué contenta me sentí, oyes, y encima uno tenía al Papa en la caja y todo.
Comimos, regresamos al hostal y nos fuimos a Madonna's. Cogimos un taxi con el que tardamos unos doce minutos en llegar, y este dato hay que tenerlo en cuenta. Al llegar al Estadio decidimos jugar a 'Busca un heterosexual' y, aparte de Rul, nos costaba horrores encontrar uno. Yo de hecho puedo afirmar que no vi ninguno. A medida que nos acercábamos a la entrada nos encontrábamos con los restos de la debacle de las maricas durmiendo en la puerta durante tres días: tiendas de campaña, sacos, esterillas, piquetas, neveras portátiles, comida, sábanas, bañadores, bronceadores, Aután... Cualquier cosa que te sirviera para una excursión pero no para disfrutar de un concierto de Madonna una vez abiertas las puertas. Hubo un momento en el que literalmente tuve que saltar sobre una montaña de basura para poder acceder al torniquete de entrada. Los servicios de limpieza, un diez.
El resultado del concierto ya lo podéis imaginar: alucinante. Ahora, yo tengo que ser franca: no vi una mierda. Cada dos por tres le decía a Ann "ay, qué ochenta euros tan tirados a la basura" porque no veía ni las pantallas, pero es que desde la grada era peor porque se necesitaban prismáticos para verlas, y yo sólo tenía que saltar un poco. Madge, querida, para la próxima me pones un par de pulgadas más a las pantallitas, chati. Impagable la compañía de unas travestis jineteras cubanas que tenía delante que se hacían porros con uñas de porcelana. Qué must. Cuando terminó tan fastuoso evento, volvimos a sorprendernos de la cantidad de mierda que había en el suelo, del cual apenas se veía un trozo. Sobre él había (y no me lo invento) edredones, sábanas, botellas de cristal de vino, platos, comida, más tiendas, toallas, mantas... Yo no sé, pero creo que si llego a rebuscar un poco lo mismo me encuentro una cartera, un móvil y un lingote de oro macizo. Ya a la salida del todo nos compramos algo de merchandising falso y Ann y yo otra de las estafas de la noche: la panocha. Nos emperramos en comprarnos una mazorca de maíz con su salecita y su mantequillita hecha a la brasa, pero la jipi que me la vendió me la dio incandescente por fuera y cruda por dentro, así que ahí nos ves a ambos como conejos royendo la porquería esa por no tirarla y relamiéndonos en nuestra miseria. Faraba nos miraba asqueado. Oy oy oy.
La vuelta a casa fue, cómo decirlo... una pesadilla. El Ayuntamiento de Roma decidió no reforzar ni sus autobuses nocturnos ni los taxis así que había que ingeniárselas como fuera para encontrar el camino al centro. Además, el Estadio no aparece en la mayoría de los mapas porque está muy a las afueras, por lo que la diversión estaba más que garantizada. Hordas humanas y de chicos ataviados con todo tipo de shorts, sombreros de vaquero y prendas rosas caminaban perdidos en busca de la civilización, y entre ellos, nosotros. Después de hora y pico caminando encontramos una especie de bus nocturno que se llenó hasta superar doscientas veces su aforo y nos hizo un recorrido en zigzag, espiral y piruetas varias por toda la periferia romana hasta que nos dejó en Termini. El viaje fue realmente asqueroso por el calor, el sudor y lo cansados que estábamos, y desde luego que nos dejó un horribel sabor de boca, mucho peor que el de la panocha. Camino del hostal pensamos subirnos a una de las siete colinas con una lira y pegarle fuego a todo, pero al final nos dio pena. Porca miseria.
Lunes: viva la comida china
Ya descansaditos y quedando sólo Rul, Patri, Aíndas, Claudio y yo de toda la troupe, partimos otra vez hacia el Vaticano porque yo quería dejar de sentirme tan agraviada. Con una castidad en el vestir que ni yo me lo creo, entré tranquilamente y ya me quité la espinita de la Patata Vetatta. Después de buscar papas muertos por toda la basílica infructuosamente y de soltar yo unos improperios involuntariamente al lado del baldaquino, no se nos ocurrió otra cosa que subir a pata a la cúpula. Pues qué bien hicimos pero oiga, qué agotamiento. Yo creí fallecer cuando la escalera se encogió milagrosamente y la pared se torció adquiriendo formas casi esquizofrénicas. Por un momento pensé en salir corriendo pero me armé de valor, pensé en el dinero que había pagado por entrar y avanti. Muy bonita Roma desde la Cúpula de San Pedro, pero desde dentro...
Después de comer despedimos a Aíndas, que se iba a Madrid con Toledator, y nos quedamos Claudio y yo con los Caniches para terminar nuestra visita romana. Fuimos al supermercado más cercano donde compramos pasta muy barata y cenamos en el mejor sitio que habíamos encontrado en esa ciudad hasta el momento, un chino. Al entrar comprobamos que éramos los únicos occidentales, algo que fascinó al resto de los comensales que nos miraban indisimuladamente mientras sorbían con bastante poco recato unos fideos largos. La comida fue fastuosa y muy muy barata, y los gritos, eructos, escupitajos y sorbimientos de los chinos que nos rodeaban no sólo no nos amargaron sino que nos hicieron mucha gracia. Además, nos quedamos totalmente con la camarera gracias a una mano de maniquí que había encontrado Claudio en la calle y con la que no paramos de jugar en toda la cena. Y de postre, dos kilos de sandía en la que yo creo que nos habían echado una aspirina o algo, porque nos dio una risión -sobre todo a Patri- que no había quien nos aguantara.
Martes: hasta nunca, Roma!
El martes temprano salimos del alojamiento y fuimos a desayunar al bar que nos corrspondía. La rancia de la dueña ni nos dio los buenos días ni se molestó en desearnos la muerte, nos sirvió de mala gana los cafés con bollo y nos despidió con unas agradables palabras: "Eh! Recogedme las tazas!". Y como gilis que somos, encima se las recogimos, aunque yo lo que quería hacer era coger mi lira y quemarle su prestigioso establecimiento. Ya en Termini cogimos el primer tren al Fiumicino que fue con algo de retrasillo, casi perdemos el vuelo porque había una cola fastuosa y finalmente embarcamos sanos y salvos. Al llegar a Madrid descubrimos las virtudes de nuestra ciudad, cuna del progreso y la habitabilidad, y casi besamos el suelo. Hoy ya quiero volver a huir de aquí, pero es que después del tercer mundo que vivimos en Roma, te hace apreciar hasta el asqueroso Madrid de 2006.
CONCLUSIÓN: supongo que volveré algún día a este antro, pero cuando haga las paces con los romanos y me pueda alojar en sitios de 4 estrellas para arriba.
POR CIERTO: mi maleta me la enviaron a casa el viernes pasado (11 de agosto) después de 18 días de pérdida y haciendo gestiones a través de unos conocidos de unos conocidos. Si no, aún estaría esperándola sentada. De verdad, no voléis -o al menos no facturéis- con Iberia ni tratéis con su personal. Yo he perdido años de vida con las gestiones y me he tenido que bañar con los bikinis de mi madre. Y a esto sí que no hay derecho.
Sesión Perfiles
Buenos días:
Hoy, 18 de agosto de 2006, las Gavilanas Diyéis debutamos en el horario fetén pincharrajeando por primera vez de 3 a 6 con toda la emoción y jolgorio que ello conlleva. ¡Yupi! Esta noche tendrá lugar la Sesión Perfiles, bautizada así en merecido homenaje al elegante bar que nos acogió durante la preparación de nuestro setlist, que se llamaba como la sesión. Qué bien elegido está el nombre, pardiez. Así que el planning de esta noche queda de esta guisa:
GAVILANAS DJ'S
SESIÓN PERFILES
A partir de las 3 en Barbarella Pop Club
San Vicente Ferrer, 33
Metro Tribunal y Noviciado
Sonará lo que hemos venido pinchando anteriormente: TODO DE BAILAR Y TODO DE LOS JITS.
Una vez hechas las presentaciones pertinentes, llega el capítulo de novedades. La primera es que la primera persona que nos baile así cerca de la cabina cuando pongamos a los Dirty Pretty Things recibirá un fastuoso presente. La segunda es que ésta es nuestra última sesión como Gavilanas. Dadas las circunstancias a las que nos ha llevado la vida y nuestros peluqueros, hemos decidido rebautizarnos para próximas sesiones como Zipi y Zape Dj's porque tenemos dos casquitos iguales pero una en rubio y otra en moreno. Además, esta nueva denominación es mucho más pop y menos reggatonera que Gavilanas, y tiene mucho más que ver con nuestra peculiar idiosincrasia.
Para esta ocasión carecemos de flaier relacionado con la Sesión Perfiles, aunque muy amablemente Farala nos hizo uno precioso protagonizado por una que valoramos muchísimo pero que no encaja con la ideología perfil que tenemos en estos momentos. ¡Gracias, Farala!
ESPERAMOS: una abundancia de asistentes.
NO ME FALTEN: pofavó.
Cómo hacer un Pete Doherty
Buenas tardes:
El viernes pasado la gavilana morena o Zape hizo lo que comúnmente viene siendo un Pete Doherty (léase petedoerti). Éstos son los pasos básicos para hacerlo:
- Tener una actuación o algo que hacer relacionado con la música a cierta hora de la noche.
- Quedar antes con unos amigos e intentar no beber mucho para no cagarla después.
- Beber moderadamente.
- Llegar puntual pero, misteriosamente, a cuatro patas y en un estado lamentable.
- No terminarte ni un tercio de las copas que te dan como diyei pero aún así estar cada vez más y más ebria.
- No enterarte de nada, hasta el punto de perder la noción del tiempo y del espacio dando lugar a repeticiones de canciones y vaya usted a saber qué más.
- Terminar definitivamente con tu prometedora carrera de diyéi y de manera lamentable.
Espero que la otra gavilana haga un Carl Barât, se busque una compañera abstemia y continúe pinchando por todo el mundo con un gran éxito. Yo seguiré luchando contra mis adicciones no sin algún escándalo aderezado con sonados romances con modelos. Así es la vida.
Y así es cómo fue la Sesión Perfiles. Por si fuera poco, al final del todo un canal dejó de funcionar y hubo un silencio, esta vez no por mi culpa sino porque alguien desconectó ese canal o simplemente se estropeó. No sé si esto entra dentro del pack Pete Doherty pero también fue una fastuosidad.
Tengo serias dudas sobre si el personal de Barbarella querrá saber nada más de nosotras, pero si yo fuera ellos prescindiría de mí. (Quiero pensar que todo esto desde abajo se veía divertido, pero yo en la cabina desde mi borrachera lo veía todo borroso borroso...).
ALEGRÁOS: quienes no pudísteis venir.
AUNQUE: fue para vernos, fue para vernos...
La decisión de patata
Buenos días:
Había que tomar la decisión y ya ha sido tomada. Después de muchas taquicardias, vueltas, requiebros y dudas de todo tipo, ayer cogí el toro por los cuernos y anuncié mi inminente salida de Odoroffice. Pues sí, a comienzos de septiembre espero estar fuera de estas paredes y con las maletas hechas para trasladarme a BCN con Juice y empezar a vivir como las personas de mi edad, es decir, fuera del hogar familiar. Como ya sabéis que amo el peligro, me voy sin trabajo ni un gran colchón económico para sustentarme mientras busco, pero una confía en su buena suerte y en todos los talentos que tiene que ofrecer al mundo para estar colocada en un trabajo interesante en pocas semanas.
Mi marcha a BCN no significa ni que no vaya a volver ni que abandone mi fulgurante carrera de diyéi (las Gavilanas o como coño nos llamemos ahora estamos renaciendo de nuestras cenizas a pasos agigantados) ni que no vuelva a ver a mi familia y mis amigos. Hoy día, seiscientos kilómetros no son nada. ¿Qué son seiscientos kilómetros comparados con la inmensidad del océano? Nada, como vos digo. Además, Barcelona no es Albacete, es decir, es otra gran ciudad en la cual espero echar lo mínimo de menos.
Todo esto me lo repito cada cinco minutos para infundirme ánimos porque, si bien afronto todo esto con inusitada ilusión, estoy cagada de miedo. Nunca he vivido más de dos meses fuera de mi casa, nunca he pasado más de tres semanas seguidas con un novio, nunca he tenido que empadronarme en otro domicilio, nunca... Hay tantos nuncas que de vez en cuando me siento aterrada, pero con muchas ganas de dar este salto y de comprobar si puedo comportarme como los adultos o no. Si es que no, mi momó siempre me volverá a acoger en casa y ya está, a vivir del cuento. Si es que sí, muchos tendrán alojamiento gratis en Barcelona durante un tiempito.
Y así están las cosas. ¡Qué nervios, qué cara ponemos! Yo ahora lo que quiero es irme al Ikea a comprar armarios y estanterías, que la vida de pareja empieza en Ikea.
QUÉ INESPERADO: todo, ¿verdad?