Archives
Se bujcan treinta mil italianas muertas congeladas vivas en BCN
Buenas tardes:
Esta tarde lo estaba comentando con unos amigos: que cada día me da más pereza actualizar el blog, y más desde que formo parte de este fastuoso proyecto llamado Je Ne Sais Pop. Aun así, me da penita tener tan abandonada toda esta parte, así que en vez de hacer una cosa que debería hacer del trabajo, estoy aquí contando mi vida. Que sepáis que mi futuro laboral está en juego por vuestra culpa.
El puente lo pasé en BCN no sin antes sufrir algún retrasillo que otro en el avión, para llegar muerta a BCN derechita a echarme una siesta. El sábado transcurrió tranquilo, el domingo quedamos con Casero y los Palmeros para cenar, el lunes fuimos a patinar, luego volvimos a quedar con Casero y su troupe para cenar, esta vez acompañados por el invitado estrella, Chulito. No, no se trata de ningún cantante de freggatón ni nada parecido; es el perrito que se acaban de adquirir su esposo y ella, uno de esos con la carita aplastada (se me ha olvidado la raza totalmente) y un ojillo a la virulé. Una auténtica monada que hacía que todo el mundo se diera la vuelta en la calle para acariciarle. En uno de esos momentos "amo el peligro" que tengo yo, cogí resuelta la correa de Chulito y la sostuve unos segundos. Fui como una modelna de verdad: con un miniperro de raza, en el Borne y con ropa de marca. Jobar, qué imagen.
El martes Juice se fue a trabajar y yo hice esas cosas que hacemos las mujeres cuando estamos solas: ir de compras. A pesar de que era día 2 y que ya podía darle brío a la Visa, no compré muy locamente, pero algunas adquisiciones estelares sí que hice. Como tenía tiempo, hice eso que me encanta hacer pero para lo cual nunca tengo tiempo, que es meterme en un probador con diez cosas. Y luego llevarme una. Lo siento por el doblador de camisetas del H&M, pero ayer era uno de esos días para mí. Luego entré al Sfera (una de mis nuevas tiendas preferidas aunque siempre por debajo de Top Shop) e hice una de las compras que más feliz me han hecho jamás: unos pantalones de pitillo. Ahora ya podría abandonar la dieta y dedicarme al foie: objetivo pitillos conseguido. Pero voy a mantenerla porque al menos querría poder ponerme esos pantalones una buena temporada, que me encantan locamente.
En mi paseo compril de ayer me percaté de un extraño fenómeno: Barecelona está repletito de italianos de todas las edades, condiciones sociales y pintas. Desde excursiones de adolescentes en su viaje de fin de curso, a grupitos de la quinta edad, familias normalitas, pandillas de amigos post adolescentes con gafas de sol de pantalla, parejitas de enamorados y enamoradas... Es como si hubiera explotado una burbuja de italianos en la Ciudad Condal, se oía más italiano que catalán en las Ramblas, palabra. Formaban colas en cualquier monumento, se hacían fotos hasta con el asfalto... Todo lleno de guiris italianos. Ahora me vendrá alguno "¿y a ti qué te pasa con los italianos, xenófoba, racista?". Pues a mí nada, sólo era un hecho del cual quería dejar constancia, que hay que ver cómo es la gente, aquí ya no se puede ni hablar. Bah, ahora suelto el tópico: los tíos llevaban el pelo repeinao hacia atrás y las tías parecían Sofía Loren de exuberantes que eran. La segunda afirmación es menos real, pero la primera es un dogma de fe, válgame Dior.
Aterricé anoche sin retrasos apenas, cargada de revistas, ropas y libros y con una especie de alergia que me tenía todo el rato rascándome la nariz. Cuando entré a casa, la inocente de mi madre me preguntó que por qué Donatella Versace tiene esa nariz tan rara. Pobre, mi momó aún no conoce los efectos que pueden tener ocho gramos de coca al día en un solo tabique nasal...
SUS QUEJARÉIS: de la entrada tan completita que he hecho.
Sábado de gloria
Buenas tardes:
Vaya día más raro para actualizar... Bueno, más vale a destiempo que nunca, si es que me queda algún lector. En estos momentos estoy sola en casa, en zapatillas, bebiendo hectólitros y hectólitros de agua y con gafas. Hay una temperatura súper agradable, no suena el teléfono y el subnormal de mi vecino bakalaero se ha debido morir porque no suena su mierda de música. Una tarde perfecta que sólo se me está amargando un poco por culpa de un ligero dolor de estómago provocado, sin duda, por las copas de vino tinto que me bebí anoche. Más de dos copas me dan ardor, comprobado, pero que cuando me bebo media copa del 8 y Medio. Si es que ya estoy mayor.
Anoche me bebí esas copas de vino en la gala de entrega de los I Premios Enemigo, en una ceremonia conducida por Piscu y co-presentada por algunos de los miembros de JNSP, entre ellos una servidora. A mí se me da fatal hablar en público, pero fatal fatal, por eso creo que mi presentación fue de lo más lamentable. Las pocas veces que he tenido que hablar en público siempre me ha pasado lo mismo: empiezo a decir algo, me enrollo, me doy cuenta de que me voy por los cerros de Úbeda, me aburro de hablar, termino el speech bruscamente y me voy. Joder, si Vicky Martín Berrocal hace unos monólogos en La Sexta (lo he leído en el Hola y me que quedado muerta muerta), yo no sé por qué a mí no me sale eso de los discursos. Si hablar se me da mal, leer es peor aún, porque me veo obligada a terminar lo que estoy leyendo. En la boda del hermano de Juice leí una Carta de un apóstol a alguien y se debieron arrepentir el resto de sus vidas: me dio un ataque de vergüenza y empecé a leer la carta a toda velocidad, de manera que no se me entendía. Parecía Antonio Ozores, lo prometo. A lo mejor me tenía que haber emborrachado para leer en aquella boda... No sérg.
Esta semana ha sido bastante absurda en cuanto a trabajo y actividades sociales. Esto de empezar un miércoles a trabajar sería fastuoso, si no fuera porque yo tengo un cierre realmente asqueroso y vamos fatal de tiempo. Creo que la semana que viene va a ser aún más absurda y voy a tener que estar ahí con la chusma hasta bien entrada la tarde. Nada de festividades, presentaciones, canapeos y saraos. Y además aún no he cobrado y estamos a día 6 ya. Esto es una puta vergüenza. Con este parrafito vengo a decir que mis actualizaciones volverán a ser... escasitas, sorry.
Acabo de ver una cosa rarísima en la tele. Estaba haciendo zapping en los anuncios de mi telefilm de Antena 3 -que ya lo había visto, pero era una joya, con una niña Amish que mataba a su bebé- cuando en Canal 7 (glups... de verdad que yo nunca he visto ese canal, ha sido casualidad que cayera en él) me ha aparecido un programa del corazón muy cutre. En él salía la rueda de prensa de presentación del festival Femme (al cual voy esta noche, por cierto) y entre la cante de Femme Fatale y los organizadores estaba el futbolista Iván Helguera... ¿Es que ese señor también organiza? ¿O canta? No no, esto no puede ser porque hay que ser mujer para actuar en ese festival. Me he quedado muy sorprendida con la presencia de ese señor ahí.
Por cierto, anoche probé el famoso metrobúho o busmetro o como se llame, que se estrenaba ayer, y puedo decir con toda certeza que es una AUTÉNTICA MIERDA. Lo de que el búho ese pasa por estaciones "similares" a las del metro es un eufemismo ideal de "el autobús pasa por donde le sale del coño", porque no había manera de encontrar las paradas. Yo llegué a Bilbao con un dolor de tacones que me moría, y allí no encontré nada; bueno, tampoco sabía lo que tenía que buscar porque Metro no ha anunciado cómo van a ser las paradas ni dónde ni nada. Eché a andar y me paré en una marquesina; allí una chica me enseñó un planito que le habían dado con las supuestas líneas de metrobúho. Bien, pues ahí ponía que la que me correspondería a mí paraba en la calle Génova, pero no ponía ni el número, ni la altura ni nada que indicase en qué punto de esa calle encontraríamos la parada. Paramos un búho normal, de los que van a Cibeles, y el conductor ya nos indicó que teníamos que buscar una pegatina azul en la parada en la que hubiera una L con un número al lado, dependiendo de la línea. Ésa era la información que nos faltaba, claro. Bueno, pues la parada que tenía la famosa L esa estaba casi en Colón, con lo que decir "paradas aproximadas" es reírse de la gente en su puta cara.
AY: me canso de escribir. Otro día, más.
Adiós, juventud
Buenos días:
Matronic acaba de arrancarme mi primera cana. Yo creo que me voy a abrir un plan de pensiones ahora mismo y empezaré a buscar una residencia para pasar mis últimos días. Qué horror, qué asco de vida. Hoy sí que me quiero morir.
¿FUNCIONARÁ? El Lady Grecian?
Soy como el aire
Buenas tardes:
Me viene fastuoso este título por dos motivos. El primero es que ha llegado el disco de Pedro Marín a mi ofina y el segundo es que ayer me volvieron a pesar y medir y es que ya peso poco más que un paquete de jamón York. La ropa de hace cuatro meses me queda que es una auténtica vergüenza: los pantalones me los bajo sin desabotonarlos, me quedan como a una rapera por detrás y están a años luz de parecer un pitillo. Necesito pantalones, por Dior. Pero no tengo panoja. Por eso esta mañana me he puesto a pujar unos zapatos de Prada con un plataformón de travesti terrible, porque como necesito pantalones, pues yo me compro calzado. A veces es que cogería y me daría una paliza, pero luego me doy pena y me compro unos zapatos. ¿Ves? Ya lo he vuelto a hacer.
Esta tarde quedaremos las Gavilanas para ultimar los detalles de nuestra sesión del viernes. Puedo avanzar que va a ser más de bailar y de perrear que la anterior. Y más que apetecerá hacer perreo si mi amiga Aíndas se trae a un par de alemanotes (llamémosles Klaus y Erns, remotamente) que nos vendrían fenomenal, si no de gogós, de guardaespaldas para protegernos de los chorizos y de los que lanzan botellas por los aires. En esta sesión sólo queremos diversión, elegansia y jolgorio, nada de hurtos y violencia.
Lo del adelgazamiento hace que se me olvide un poco lo de la cana, aunque anoche me puse una mascarilla rejuvenecedora por si acaso... Hoy aparento veinticuatro.
QUÉ ASCO: de cierre estoy teniendo.
Han tapiado la puerta de Barbarella con las Gavilanas dentro
Buenas tardes:
No podemos del éxito que hemos tenido, así que repetimos (flaier cortesía de Angèle Leciele):
El martes quedamos para preparar la sesión y, la verdad, tenemos que reconocer que nos ha quedado más divertida que la otra vez. Eso sí, toda de bailarrrr y bailarrrrrr, como si pinchara To-to-to-toni Aguilar pero en indie. No queremos desvelar nada, pero podemos hacer un avance de lo que se escuchará sin dar muchos detalles; de todas formas, sólo hay que mirar el 'currently playing' del blog de cada una para hacerse una idea. En fin, a grandes rasgos: Paddingtons, Morningwood, Macnamara, Chycha, The Smiths, YYY, The Bravery, Belle & Sebastian, Vive la fête... ¡Y hasta aquí puedo leer!
La sesión la elaboramos muy en nuestra línea: con alcohol. Ah, y patatas fritas (toma dieta). Le hemos hecho una promesa a la Virgen de Regla de que durante el pinchamiento no tendremos en la mano más de una copa, ni aunque nos la regalen, no dejar a nadie entrar en la cabina mientras "trabajamos", no dejar bolsos ni discos abandonados en la cabina al terminar de pinchar, no aceptar peticiones... Lo cumpliremos todo a rajatabla. Otra cosa que no habrá serán sombreros gavilanes salvo que se nos regale otro, que al terminar lanzaremos felizmente.
Y todo este rollo lo cuento para que vengáis a vernos pinchar. Quién sabe, lo mismo metemos la pata hasta el fondo -como no nos pasó la otra vez- y la sesión es aún más divertida que la anterior... No sé, yo que tú iría.
REMEMBER: mañana desde la 1 en Barbarella Las Gavilanas Diyéis.
La patata entra por los pies
Buenos días:
Me resulta muy curioso que, a pesar de mi metro y medio de persona, la gente llegue a fijarse tanto en mis pies. No sé, me da la impresión de que tengo los pies como más a ras de suelo que el resto de la humanidad -ya sé que es una tontería lo que acabo de escribir, pero no sé cómo explicarlo- como para que alguien se fije en ellos. Pues se fijan. Todos los días laborables vivo una especie de Show de Truman desde el primer momento en que salgo de mi casa: siempre me cruzo a las mismas personas y en el mismo punto. Empezamos con la mamá con un cochecito y un husky siberiano, luego el adolescente que se enciende un cigarro a mi paso, luego el señor feo que pasea a su pastor alemán... así hasta llegar al semáforo que hay antes de mi boca de metro, donde me cruzo a mi pesadilla.
Es una señora de unos cincuenta y cinco-sesenta con el pelo muy canoso y buena pinta. Desde hace un par de años me observa minuciosamente cuando nos cruzamos; no sé cómo le da tiempo a tanto en sólo dos segundos que dura nuestro contacto, así que os podéis imaginar cómo es el tema cuando estamos la una frente a otra esperando a que se ponga el semáforo en verde veinte segundos enteritos... Cada día hace el mismo recorrido: cara, bolso, ropa y luego zapatos, estos últimos su parte preferida. Ahí es donde se detiene más tiempo, y al terminar me vuelve a mirar a la cara con expresión de reprobación, algo así como "ya te vale" o "qué suerte tienes teniendo tantos zapatos". Yo es que no suelo repetir calzado de un día para otro, entonces la señora está como deseando saber cuáles me voy a poner esa mañana para poner su cara de asco habitual. Un día en un semáforo me los miró tanto y con tanto descaro que tuve que soltarle un "oiga, ¿qué le pasa?" y ya dejó de mirar y se fue corriendo. Todo de la discreción! Hay que aprender a cotillear, señora.
Me he dado cuenta de que camino de mi oficina también hay unas personas con las que me cruzo a diario que sienten fijación por mis pies (mis zapatos, claro). Primero me miran la cara -será para ver si he dormido bien o mal, hoy- y luego bajan a los pies, especialmente una chica con gafas que viste muy bien. Hoy he sido la sensación en el metro con unas zapatillitas de lona amarilla con topitos blancos y la puntera abierta decorada con un lazo. Hasta la taquillera me miró los pies, palabra de Dior. Las caras suelen ser casi todas de admiración y envidias (eso se huele, incluso) aunque también las hay de asquillo (soy una incomprendida). Lo que está claro es que todos miran. No me quiero imaginar el éxito que pueden tener unas sandalias de plataforma de Miu Miu que tengo en seguimiento en estos momentos... ¡Qué arte!
AHORA: mis zapatos y yo (y los de Nani) os citamos en Barbarella esta noche.
POR CIERTO: anoche gané dos bolsos en eBay. Todo del Vintage.
Triunfo gavilán y otros temas
Buenos días:
Cuando España sufre la primera ola de calor de la temporada, yo tengo una especie de faringitis, la nariz taponada y me encuentro fatal. Debo ser la única persona que no tiene alergia en estos momentos y tiene que estar tomando Frenadol en vez de esas drogas adormecedoras antialérgicas. Puaj. Hoy he venido a odoroffice sólo porque a las seis tengo endocrino, persona que hoy me va a mandar a tomar por culo después de este fin de semana de saltarme la dieta como una señora.
El viernes, en efecto, triunfamos las Gavilanas. No pudimos empezar la sesión como queríamos -cuando nos pusimos a pinchar aún no habían entrado ni nuestros amigos, así que nuestra intro apoteósica se quedó en agua de borrajas- pero luego el resto fue viento en popa. A mí lo que más me emocionó fue la gente felicitándonos y, la mejor, una chica que nos regaló una mariquita gigante porque le caímos muy simpáticas. Esta vez no nos tajamos tanto como para no acordarnos, aunque yo padezco algunas lagunas mentales que he ido rellenando a lo largo del fin de semana. Mi viernes terminó el sábado a la 1 de la tarde en Canillejas por razones que no vienen al caso, pero cuyas secuelas vengo arrastrando desde entonces. Ay, qué pocha estoy.
A pesar de las cuatro horas de sueño, el sábado le dimos un sorpresón a Farala en casa de Flat Erikk. Comenzamos el evento tan temprano que yo a las doce me hubiera acurrucado en un portal y hubiera dormido como una bendita. Como a las dos me cogí el Metrobúho y fui durmiendo todo el camino hasta que llegué a casa. El domingo transcurrió en pijama, como debía ser, hasta que me vestí y me fui a Las Vistillas a sentarnos en la praderita como en los cuadros de Goya. Como era de esperar, me puse tibia de cerveza, me cené un bocadillo (olé mi dieta) y volví a casa a las dos y pico de la mañana también dormitando en el Metrobúho. Aquí ya se iba gestando mi malestar corporal.
Ayer me fui a comer a casa de mi tía en un pueblo que está demasiado lejos para ser Madrid, y al volver me dediqué a una de las actividades más satisfactorias del año: guardar la ropa de invierno y sacar la de verano. Esta vez fue especialmente reconfortante porque cabía en prendas que el año pasado me quedaban prietitas prietitas, así que la tarde de ayer fue incluso orgásmica. Me asusté un poco con el volumen de camisetas de verano, que no me atreví a contar pero que debe rondar las sesenta o setenta. Luego tengo otra montañita de invierno, tres cajones con camisetas de gimnasio, la mitad de un armario repletita de camisas y chaquetas... He preferido no reparar en los zapatos ni en los bolsos, pero digamos que estoy en una situación compleja: o mis ropas y accesorios o yo. Pero todos a la vez en mi cuarto, no. A veces me asusto de mi capacidad compratoria...
VOY A VER: si dormito un poquito en el ordenador, que me está subiendo el Frenadol.
MENUDO DESCOJONE: con el endocrino esta tarde.