Archives
La vida debería ser de color naranja...
Buenas tardes:
Esta semana deberían haber pasado y no pasado muchas cosas. Debería haber actualizado con normalidad, haber contestado a mis mails y a mis churros, haber producido y redactado el número de noviembre, haber ido al gimnasio, haberme depilado las piernas, haber ido al tinte a dejar una chaqueta, haber llegado a mi casa a las siete, haber encargado una tarta con foto para el cumpleaños de Claudio... Por el contrario, no tenía que haber participado en una mudanza que a mí realmente me trae al pairo, no tenía que haber vigilado a los obreros marroquíes mientras terminaban la obra, no tenía que haber estado horas respirando disolvente mientras los vigilaba, no tenía que haber pasado las horas muertas de pie teniendo el tiempo mientras otros limpiaban, no tenía que haber salido más tarde por estar perdiendo el tiempo, no tenía que haber aguantado malas caras y peores modos de subnormales profundos, no tenía que haber deseado asesinar lenta y dolorosamente a nadie, no tenía ni que haber estado ahí.
Pero como las cosas nunca son como deberían ser, yo pongo a mal tiempo buena cara e intento no amargarme la vida con todo esto. Para empezar, estoy buscando un nuevo trabajo ya en serio (se admiten ofertas) y sobre todo, estoy centrando todas mis energías en cosas que realmente me importan. He empezado esta mañana exfoliándome el cuerpo y la cara (un pequeño paso para la humanidad, pero un gran paso para la patata); mañana seguiré yendo al gimnasio, ignorando gilipollas y recogiendo la chaqueta del tinte, que para eso me molesté en llevarla ayer. Y continuaré a lo largo de la semana con algo aún más agradable que todo lo anterior y que me apetece aún más: promocionar el bar que se ha montado nuestra amiga Mynerva. Supervago ya ha empezado la promoción con esto, pero yo también quería aportar mi granito de arena.
TODOS A BAILAR AL RITMO DE LO DE EL NARANJA

Como algunos ya sabéis, se trata de un espacio que quiere cubrir un espacio siempre vacío en el ocio madrileño. No es una discoteca ni un bar de copas al uso, sino que quiere abarcar algo más amplio, como bien pone en el flyer: desayunos, meriendas, presentaciones, exposiciones de arte joven, música en directo, sesiones de diyéis, monólogos... Y todo en un local súper bien decorado, agradable y con ventilación (con esto gana dos mil puntos, no me lo negaréis), por no hablar de los camareros guapos y las dueñas simpatiquísimas que no te intentarán envenenar con garrafón asesino. Podréis comprobar todas estas bondades a partir del próximo viernes 7 de octubre en la calle San Vicente Ferrer 53 (de Madrid, claro). En breve, podréis consultar la programación y todo en la propia página web de El Naranja y en la revista en papel que está previsto publicar. Mi Martiakos, mi Juice y yo estaremos en la inauguración, con dos ducados.
No sé cuándo volveré a actualizar porque en mi odoroffice se ha instaurado un estado de excepción con toque de queda que nos impide utilizar los ordenadores con fines no laborales. Vamos, que se entiende que esté buscando un trabajo nuevo, ¿no? Espero que me vaya Idaira en esta labor. De momento, paciencia.
A ver si mañana puedo contar cómo me he hecho adicta al Monopoly, después de diez años sin jugar. A la vejez, viruelas.
REZAD: por CLaudio, Matronic y por mí para esta semana, anda...
La erótica del poder
Buenas noches:
Ayer tenía pendiente la entrada de El Naranja así que no conté apenas nada de mi fin de semana, que estuvo fenomenal y apenas me dejó resaca. Empezó el viernes con las ofrendas a Gatodorado para que me ayude en mi labor de encontrar un trabajo digno y un poco mejor pagado que el mío. Le llevé un pendiente (en plan joya valiosísima) y un espejo con forma de flor (en plan ofrenda floral) que espero hayan sido de su agrado. De momento, hoy no he recibido ofertas laborales, pero sí apoyo moral, y eso no se paga con panoja.
Después de la ofrenda, y ya con los Caniches, fuimos hacia El Naranja para que yo lo conociera y para emborracharnos por un precio muy módico. Ahí estaba Mynerva súper propia detrás de la barra -yo pensaba en el bar de Pasión de Gavilanes pero callaba- sirviéndonos las bebidas y haciendo divinamente de anfitriona. La verdad es que el sitio está fenomenal. De ahí fuimos al Barbarella ya haciendo eses -previo paso por el Chill Out, pero yo no me acuerdo mucho y creo adivinar por qué: unos cortinajes jipis en el techo me borraron la memoria- y la media copa que nos bebimos nos dejó a los Caniches y a mí para el arrastre. Por el contrario, Supervago e Iko se mantuvieron divinamente junto a Roberto Niza (que nos invitó a una copa que yo agradezco pero no pude digerir. Mu majo este chico) mientras nosotros nos marchábamos hechos unas piltrafillas pero felices. Llegué a casa a una hora prudencial, me acosté, soñé cosas horribles como edificios volantes o yo fornicando con Claudio. Esto es verídico y me hizo levantar con mal cuerpo, no porque me diera asco sino por chingar con mi amigüito. Qué vergüenza.
Mi madre me sacó de la cama como a las doce y me hizo ducharme deprisa y corriendo con la excusa de lavar la toalla (qué pasa, que no tengo más? ¡Pero si hay docenas!), me apaño y quedo con Marga al lado del Carrepús para comprar las viandas para la comida de ese día en casa de Pauline. ¡Yuju! Iba a ver a Álvaro y a su esposa después de meses y meses. Qué casaditos están, madre mía. Allí llegamos y Pauline y su hermana estaban jugando con una gatita monísima que les habían prestado, India, que tenía unos dos meses y era una diablilla. En seguida apareció el matrimonio, que seguía pareciendo una pareja de adolescentes como nosotros pero con anillo y álbum de fotos. Jó, qué envidia. Marga y un poco Pauline hicieron la comida mientras los demás no la hacíamos; sí, es que lo mío son las errerre pepé, más que la cocina, qué le vamos a hacer. Como a eso de las cinco nos metimos entre pecho y espalda una tonelada de espaguetis carbonara deliciosos ; tomamos café, hicimos sobremesa y empezamos con los temas serios: copazo y Monopoly.
Y aquí es cuando empezó mi pasión por la panoja y por comprar y comprar -vamos, como en la vida real- pero encima con afán de competición. En esa partida fui la primera en poner hoteles -en las calles baratas, pero no veas qué beneficios me dieron- y con muy poquitas calles aguanté hasta un nada desdeñable segundo puesto. En una especie de David contra Goliath, JL (novio de Marga) me ganó cargado de millones y de calles, mientras que yo seguía pasito a pasito con mis modestas posesiones. Perdí pero quedé satisfecha y con ganas de otra partida... Todo transcurría con normalidad hasta que la gatita empezó a hacer cosas tan raras como expulsar fideos vivos por el ano. Eso es lo que piensa una persona que desconoce los animales, como yo; la mujer de mi amigo Álvaro me explicó que eran lombrices. La gatita dejó de ser la criatura delicada y tierna del principio para ser un ser infecto y repugnante. Jobar, es que no estoy acostumbrada a tratar con parásitos intestinales...
Dejamos a Pauline y su hermana dándole drogas para matar a los gusanos a la gatita y las dos parejitas y yo nos fuimos a casa de ÁLvaro a cenar y a echar otra partida-revancha. Pedimos un deliciosísimo chino's (para abreviar y jugar cuanto antes) y en breve ya estábamos con toda la panoja sobre la mesa. Yo empecé con fuerza, pero en seguida JL y Álvaro empezaron a acaparar calles sin piedad, y no me quedó más remedio que quedar la tercera de cinco y en la ruina total. Con todo esto concluyo que voy a recuperar mi Monopoly del pueblo y me voy a dedicar profesionalmente a ello. Al menos, hasta que me contrate el Vogue.
ME VOY: a la camita, que mañana tengo un día fastuoso.
EL CLISE: pues mira, ni fu ni fa. Pero yo, como todos mis amigos, he pensado ¡findelmundooooo! Uan chu zri. Cosas que pasan.
Me ponen los flequillos uoooooouoooo
Buenos días:
Estos días estamos manteniendo una encarnizada discusión sobre Alex Kapranos sí-Alex Kapranos no. Yo, por supuesto, soy del bando del SÍ (junto a Matronic, Ángela, Farala y algunos millones de personas más) mientras que otros como Claudio o Supervago sostienen que no. De hecho, dice Claudio que a mí sólo me gusta porque me ponen los flequillos (uuuuuuoooo) y toca en un grupo, cosa que no es del todo incierta -mi novio luce flequillo y es rubito, como Caprabo- pero a la que hay que añadir unos cuantos factores más:
- Es muy delgado.
- Lleva pantalones de pitillo.
- Esos pantalones y el resto de su indumentaria suelen ser de Dior Homme.
- Lleva jerseys de rayas horizontales.
- Tiene una carita bastante mona.
- Sonríe mientras canta.
- Baila mientras toca.
- Y así mil cosas más.
En fin, que estoy muy a favor de este muchacho escocés pero de orígenes griegos (me he leído su biografía, qué pasa).
Ayer quedamos Claudio y yo con Farala, AGdP y Ann para hacer un poco de chopin. Yo en realidad quería comprarme unos vaqueros de H&M que tenía fichados pero acabé llevándome un millón de cosas inesperadas mas preciosas. Todo fue culpa de las tallas y las formas, que se niegan a adaptarse a mi cuerpo -hermoso pero raro- por lo que me fui con una falda de la talla 34 (quién sabe cómo puedo caber ahí), una camiseta de manga larga, un jersey fuxia con doble botonadura en los hombros, unos presentes para mi Caprabo de BCN y un llavero de Spiderman también para él, eso sí, robado en una hazaña sin precedentes. Después me metí en un Zara sin muchas esperanzas de comprarme nada, pero no se sabe cómo me hice con una falda-globo sin probármela (si no me vale, se devuelve y listo) y en la cola agarré medio sin mirar una camiseta negra bastante apañadita y barata. Mientras tanto, CLaudio vigilaba mi economía e impedía que cogiera cosas que a) ya tengo pero no recuerdo o b) no tengo pero para qué coño las necesito. Con las puertas ya cerradas nos fuimos a tomar una caña para relajarnos del afán consumista este.
Nos metimos los cinco en un bar de esos con pinta de que con la caña te ponen una tapa por lo menos de patatas fritas, y menuda decepción. De repente, un camarero muy rancio nos acercó un platito lleno de unas bolitas como empanadas y con pelo más rancias aún que él mismo. Eran algo así como muslitos de ala de pollo (o de rata, diría yo) como rebozados o con algo crujiente alrededor, duros como piedras. No hay color: en el RedBar las empanadillas siempre están buenas. Y ya me fui corriendo a casa que le quería hacer a mi madre la cena, pero cuando llegué ella ya estaba con las pizzas metidas en el horno. Qué pasa, no nos gusta cocinar, para nosotras hacer la cena es abrir el brick de gazpacho...
QUÉ FRÍO: hace en esta oficina, otro punto menos.
Me han sobado el culo en el metro
Buenos días:
Hoy apenas tengo tiempo de nada -es que decidir qué coño os vais a poner la próxima temporada es una cosa que me lleva bastantes horas. Ya podíais ir con un saco de arpillera, joer- pero me veo obligada a dejar constancia de este hecho. Esta mañana me han sobado el culo en el metro. No sé si ha sido porque íbamos demasiado juntos, porque el tío era un cerdo o por mi irremediable atractivo, pero el caso es que me lo han sobado. Lo curioso es que el colega no debía tener más de diecinueve años. ¡Amigo! ¡Si podría ser tu abuela! Ay de verdad, qué juventud. De cualquier forma, quiero pensar que este frotamiento ha tenido que ver con el atractivo de mis nalgas y no porque el jovenzuelo en cuestión fuera un violador en potencia. Me lo tomaré como bueno para que me alegre el día, ya que los obreros de enfrente de mi casa no me dicen ni fea ya. Y no hay derecho.
VUELVO: al tajo. Qué suerte tengo.
DE VERDAD: prejubilación, trabajo de verdad o un assistant.
YA PODÉIS: consultar la agenda de El Naranja aquí en condiciones, y así veis cuándo "actuaré" o, mejor dicho, haré un suflé. Vosotros leedlo y ya entenderéis lo del suflé.
Semanas de cierre
Buenas tardes:
Así es cómo estaremos algunos la semana que viene -y hemos estado ésta casi en su manifiesta totalidad- cuando deberíamos estar preparando nuestro suflé en condiciones.
Hoy, ya sabéis: INAUGURACIÓN DE EL NARANJA! Va a venir hasta el Potito. Y mañana... ¡más Supervago DJ! De verdad, el que se aburre, es porque quiere.
NOS VEMOS LUEGO: en El Naranja.
La premiere
Buenos días:
Yo no sérg si queda algo que decir de la inauguración de El Naranja, pero por si alguien no lo sabía, se inauguró el viernes y continuó el sábado con un enorme éxito de crítica y público. El propio camarero lo corrobora, aquí a mi ladito, con una cara de estar derrengao después de haber puesto unas dos mil quinientas copas. Po_zí, la gente acudió en masa los dos días -el domingo no estuve así que ya nos contará Artemisa cómo fue el taller literario- llenando el local hasta casi el baño. Yo la verdad es que no conseguí enterarme mucho de nada porque tanto el viernes como el sábado llegué tardísimo, así que me perdí los primeros momentos de todo. El sábado, además, me emborraché bastante -creo que Rul también puede decir lo mismo gracias a esa sangría de vodka que nos bebimos alegremente casi los dos solos- así que tengo ciertas lagunas que rellenar, pero no tanto como el día del Razz, eso sí.
Pues como decía, el viernes llegamos Juice, Matronic y yo un poco tarde porque el avión de Juice tuvo un retraso bastante imbécil, así que fue todo un milagro que entráramos por la puerta porque aquello rebosaba. Mynerva estaba que se salía, saludando a la gente, yendo de un lado para otro, vigilando que todo saliera bien (en estos momentos, mientras escribo, me acabo de echar por encima media botella de agua, pero nada, ya me seco); Claudio estaba bastante desbordado; no le veía tan nervioso desde que era mi jefe en el Blockbuster y un sábado por la noche con la tienda hasta el coño de gente yo apreté al botón de Reset y apagué todos los ordenadores. Pero se le veía contento. Hator también estaba bastante atacao, y es que uno no participa en inauguraciones todos los días, digo yo. Conocí de una manera muy curiosa que dejó boquiabierta a la Casero a Danilac y a Pistachoiraní, pero con el griterío y el jaleo apenas pude decirles nada. Había millones de personas pero esa noche ni policía ni nada. Al cerrar, cantamos a Mynerva Es un muchacho excelente o algo así, porque realmente se merecía una cancioncilla de ánimo después del estrés sufrido. ¡Ya estaba inaugurado El Naranja! Después nos fuimos a un sitio llamado QK y en seguida a casa, aunque tardamos como diez horas en encontrar un tásis. Yo sólo sé que entre los tacones y el ruidazo, estaba hecha polvo.
El sábado, después de todo el día vegetando en casa y viendo un interesante telefilm -dirigido por la madre de Los problemas crecen, cágate- sobre la pedofilia y tal, quedamos a cenar con los Caniches en el troski troski. Previamente, pasamos por Gatodorado's para dejarle a Supervago un discman por si el suyo fallaba en el pinchamiento. Olvidé preguntarles cómo salió finalmente su tortilla de patatas... Ya en el troski, cenamos copiosa y agradablemente (salvo algunos momentos incómodos con un ruso tocando el acordeón o la guitarra) y bebimos más agradablemente aún, gracias a una deliciosa sangría de vodka que, por algún extraño motivo, sólo nos bebíamos Rul y yo. Patri y Juice debían odiarnos un poco porque estábamos pesadísimos riéndonos de todo y haciendo bromas de instituto, pero es que somos así de graciosos, oches. En el ruso, todo muy rico pero increíblemente lento, así que a las doce y algo salimos pitando para ir a lo de Supervago, que ya llevaba una hora entera pincharrajeando. A la salida vivimos una especie de Síndrome de Diógenes -bueno, Rul y Juice más que nosotras- y se pusieron a coger unas cosas preciosas de la basura: primero una caja de vodka Tovarich (que en ruso significa camarada, creo), una Play Station 1 sin cables ni ná. En la segunda basura recogimos unos juguetitos monísimos como una minitele, un minitostador y unos minizapatos. Todo pequeñito. Creo recordar que también había una caja metálica con combinación, sin duda, la caza más absurda de la noche, porque sólo hay miles de miles de combinaciones hasta que alguien consiga abrirla.
Y allí llegamos con mil horas de retraso, el local petado (pero menos que el día anterior) y Supervago haciendo lo propio divinamente. Me dio mucha alegría ver a Mogkumo again, guapísimo con una camiseta de Paul Smith sobre la cual le di bastante la chapa. Ann y Flat también estaban por allí, aunque el más gracioso era Farala que no paraba de decir que estaba súper peda. Yo también, para qué mentir. Así que me enteré malamente de lo de la policía y los volúmenes, ya que estaba sobre el escenario con Artemisa, Rul y P intentando hablar con el altísimo amigo alemán de Farala de nombre impronunciable (¿Rent? ¿Reims? ¿Rins?). Y así fue la noche.
Jobar, no me quería enrollar porque tengo mucho que hacer pero nada, ya me he liado. Pues esto es, más o menos, lo que yo percibí este fin de semana. Ahora voy a preparar un poco mi suflé, que lo tengo dejadísimo.
YA VERÉIS: cómo termino igual que el muñequito de mi anterior entrada, fijo!
Lost
Buenas tardes:
Para los que penséis que ésta es una entrada spoiler sobre el final de la primera temporada de Lost, os comunico que podéis seguir leyendo porque no va de eso. Como mucho, al final expondré mi teoría sobre lo que le va a terminar pasando al gordo, teoría nada compartida por Juice y por Claudio pero que a mí me llena un montón -sobre todo al gordo-.
El título, en realidad, viene por culpa de mi famoso suflé, que aún estoy preparando pero que está casi definido. Buscando canciones que quería incluir me he dado cuenta de la cantidad de discos que he perdido en los últimos cinco años, algunos de ellos pelín caros y que no sé si me volveré a comprar. Lo peor es que no sé ni a quién se los dejé ni dónde los puedo haber perdido, porque yo nunca he hecho una mudanza en la que pueda volatilizárseme algo entre casa y casa. Como siempre, un misterio. Mi madre diría que esto es culpa de mi cerebro reblandecido por tanto uso y abuso de la laca de uñas desde unas edades tiernísimas -aún recuerdo una vez que me quité una manoletina en una zapatería como con diez años para probarme otra cosa y aparecieron unas uñas de los pies en rojo pasión, jua jua, qué cara puso la dependienta-, pero yo quiero pensar que esto es culpa de un duendecillo maligno que me lo esconde todo. Últimamente no encuentro un tubo de cacao labial ni un pendiente amarillo con forma de canica; el muy desgraciao debe estar ahí con los labios bien hidratados y perforándose las orejas a mi costa, no hay derecho.
Pues a lo que iba, que hoy no me centro: no encuentro diversos discos. El más caro es Last Splash de las Breeders, así que si eso un día me lo copietearé y haré de tripas corazón. O pasaré, porque si hacía cinco años que ni lo buscaba, tampoco será tan importante en mi vida. El primer (y casi único) Cd de Elastica también está desaparecido en combate, y éste lo mismo sí que me lo vuelvo a comprar en una serie media si vale menos de diez euros. Y así muchos discos más, pero no me voy a poner a desvelar mi suflé, que algo quiero sorprender.
Y NADA: que vuelvo al curro.