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El sueño de Patata

Buenas tardes:


Ya se me están empezando a pasar por fin los efectos de alguna droga somnífera que alguien me ha echado en algún sitio, porque si no no me explico este sueño terrible que tengo desde el sábado por la mañana. O me han colado un somnífero o me ha picado la mosca tsé tsé o de repente soy narcoléptica, porque llevo dos días que no he parado de dormirme por las esquinas, algo que ha provocado que mi asistencia al Contem-Pop-ránea de este año haya sido más bien escasa. Iremos por paso no me vuelva a entrar la soñera y termine babeando sobre el teclado...


Viernes (evitando atascos al ritmo de lo de Kiss FM)


Entre unos temas y unas cosas, acabamos saliendo de Madrid a las tres y media pasadas pero, milagro milagro, no había atasco de salida ni nada parecido. Así que ahí íbamos Artemisa, Claudio y yo súper ufanos y con un pestazo a calamares por culpa del bocadillo de este último rumbo a Alburquerque. Todo transcurría con bastante tranquilidad, hasta que casi tenemos que parar para hacernos una foto en un municipio que tiene un nombre muy familiar para nosotros: Quismondo. Como realmente no podíamos parar, decidimos que a la vuelta entraríamos para hacernos unas fotos y ver si es verdad que la gente lleva el pelo por la cintura y si nos pueden llevar en sus lomos. Hicimos una parada técnica en un Eroski en Cáceres para comprar alimentos de primera necesidad (whisky, ron, ginebra, refrescos para mezclar y vasos de cubata y mini, es que ni un mísero Phoskito para disimular un poco, ya nos vale...) y tomar un café. Cuando ya nos disponíamos a hacer el último tramo del trayecto pensando que iba a ser brevísimo, cogimos media hora larga de atasco, con el sol del atardecer en todos los morros, a la salida de Cáceres y ahí nos enteramos de que por hora y media no nos quedamos toda la tarde puestos en la A-5 por culpa de un petardo que habían puesto unos. Así que el balance no era tan negativo: media hora de atasco por una retención que duraría hasta la noche.


Llegamos a Alburquerque hacia las nueve y ahí estaban Laura y Paco, exultantes como siempre, que nos llevaron a conocer nuestro hogar. Estaba mucho mejor que el que nos ofrecía el Dientes el año pasado -con todos mis respetos, ojo, que ese hombre nos salvó de morir socarrados- tanto por su ubicación como por sus instalaciones. Estaba en plena Plaza del Ayuntamiento, justo al lado de ese bar en el que por la noche ponían una parrilla que nos ahumaba la casa que daba gusto. Nosotros teníamos como una suite, es decir, dos habitaciones que se comunicaban, completamente vacías y con un papel pintado que ya quisiera yo para mí. Debíamos estar unas doscientas mil personas en las habitaciones de aquella casa, pero lo cierto es que todos nuestros vecinos fueron súper majos y súper civilizados, de manera que no tenemos ninguna queja de ellos. Hasta limpiaban el baño, jobar. Inflamos los colchones para dejarlo todo preparado, nos duchamos y nos tomamos algo antes de bajar a cenar y ya acercarnos al recinto y empezar a hacer algo de vida de festival, que no podía ser.


Lo que más llamó la atención esa primera noche fue el frío polar que asoló a la supuestamente calurosa localidad pacense.


Iba a seguir escribiendo pero me he dado cuenta de que me estoy enrollando tontamente, de que no cuento nada y de que tengo que encontrar un alojamiento para otro festival que tengo la semana que viene. Mañana, que tengo un día asaz ocioso, terminaré la actualización y con un poquito de síntesis. Vaya, siento este parón, pero es lo que hay.


DEBERÍA: también deshacer mi maleta y lavar todo lo que hay dentro, no sería mala idea.

15 Kommentare 1.8.05 17:54, Comment

La pereza es la madre de la listeza

Buenas tardes:


Nunca en mi vida (nunca en mi vida) había visto una entrada como la mía de ayer. Por lo menos tengo la decencia de continuar escribiendo hoy. Me disculpo mucho, no me extraña que luego me salgan antifans que me digan que si escribo obviedades y con poca concreción. Como iba diciendo ayer... 


Lo que más llamó la atención esa primera noche fue el frío polar que asoló a la supuestamente calurosa localidad pacense. Lo más abrigados que pudimos, cogimos un sitio excelente para poder ver el concierto de Fangoria en condiciones, aunque más nos hubiera valido irnos a hacer footing o algo para entrar en calor, porque el concierto a mí me dejó helada. No voy a ponerlo a parir porque ya me he hartado bastante, pero simplemente diré que me decepcionó mucho, que estoy hasta el higo del batería Safri-Dúo/ El Rey León y que las travestis que llevan no me hacen gracia. Prohibidas sólo hay una; si esas dos que salieron tuvieran un solo pelo de la peluca de la Prohibida, no serían tan malas, pero no es así. Lo único bueno, como viene siendo habitual, fue la presencia de Spunky, mito erótico donde los haya con su paquete, su baile sensual y su cálida voz. Artemisa descubrió por fin lo que es EL HOMBRE viéndole contonearse y acariciarse la entrepierna delicadamente; yo no paraba de gritar como una loca que si me tomase y me hiciese nosequé-nosecuántos, y Artemisa miraba boquiabierta y de vez en cuando murmuraba "joder joder joder cómo está". Cuando me toque la lotería voy a contratar a Spunky para que nos baile a Artemisa y a mí, aunque sé que más de uno se querría apuntar, anda que no.


Tristes, de mala leche y a diez grados, decidimos irnos para casa a ahogar nuestras penas y fríos en alcohol pero no encontramos a Mynerva y a Hator para que nos las diesen, así que nos vimos obligados a consumir unas garrafas que nos vendieron en el recinto, eso sí, a un precio bastante módico, mientras hacíamos tiempo para ver a Australian Blonde. Ya nos íbamos aproximando al ecuador de la cifra de conciertos que vimos en todo el Contempop... Más calentitos y de mejor humor volvimos a coger sitio en primera fila esta vez todos juntos; Myner no paraba de repetir " ¡Que cante Chup chup, chup chup!". La gente estaba súper entregada -Artemisa la primera- y de repente el fanatismo se convirtió en una sesión de petting casero: todas las personas que había a nuestro alrededor se empezaron a emparejar y a morrearse como si fuera el último día de su vida mientras se susurraban las canciones al oído. Vamos, que ni que esto fuera el Je t'aime, moi non plus. A Claudio todo esto le dio mucha envidia así que se puso en un plan súper hetero y nos obligó a las chicas a besarle; después intentamos obligar a Paco, pero el so estrecho no se dejaba y se apartaba todo el rato. Claudio gritó ¡Marijose! o algo así en un momento de silencio, lo cual provocó la risa del cantante, el vocalista. Terminamos el concierto calentitos pero nos volvimos a enfriar cuando el diyéi se puso a pinchar unos apaños terribles y, muertos de aburrimiento y de frío, decidimos irnos a desayunar y a dormir. Pero no iba a ser tan fácil.


Antes del concierto de AB yo me había tomado un Red Bull -ya comenzaban los efectos de mi narcolepsia- y para desayunar a las seis de la mañana no se me ocurrió otra cosa mejor que tomarme un café con leche. Antes de terminar la taza ya me temblaba el pulso; cuando me puse de pie yo creo que tenía taquicardias y todo. El Red Bull, los cafés que llevaba a lo largo de todo el día, el alcohol y el último beverage me dejaron como al neng prácticamente, nerviosísima y totalmente imposibilitada para dormir. A todo esto, Claudio y Artemisa se morían de sueño, así que no parecían muy dispuestos a entretenerme. Me faltó el canto de un duro para irme a echar unas carreritas o algo así, pero finalmente conseguí dormirme, aunque ya debían ser las siete largas. A ni se sabe qué hora apareció Mynerva en nuestra zona de la suite cargando con su colchón y gritando "¡NO PUEDO DORMIR CON ESTA PERSONA!". Con esto se refería a Claudio y a sus ronquidos, que reposaban en un colchoncito cerca del de Hator y Mynerva; a todo esto Hator se creía que los ronquidos criminales eran de Artemisa, y el pobre chico debía estar asustadísimo hasta que comprobó que no.


Sábado de sueño y de los Señores Caoba


A las doce, y gracias a las campanas de la iglesia y otros cinco millones de ruiditos, me desperté con la espalda hecha un cuadro, aunque según Artemisa ese colchón es una maravilla. Yo debo ser muy de comodidades, porque dormí fatal, como de canto, con tanto bultito y tanto movimiento raro. Hicimos un brunch en un bar que no era La Termita, donde nos dieron unos calamares realmente asquerosos y un trillón de zumos, cocacolas y refrescos. Cuando nos llegó la cuenta, todo era baratísimo. Es increíble que en Alburquerque hay tarifa plana en las consumiciones: comas lo que comas, bebas lo que bebas y te hinches lo que te hinches, siempre son seis euros por persona. A mí casi se me saltaban las lágrimas de felicidad cada vez que nos decían la cuenta -es que aquí te la dicen, no te la dan, cosas de la tierra-. A eso de las cuatro o cinco nos duchamos y nos fuimos a una piscina natural que estaba como a años luz de Alburquerque, pero que estaba fenomenal de fresquita y de céspedes. Ahí volvimos a comer unas cantidades masivas de comida por muy poquita panoja y yo intenté dormir una siestecita, pero Claudio decidió jodérmela despertándome a los cinco minutos completamente mojado. Cuando los Señores Caoba llegaron a Alburquerque partimos hacia allá; yo me pasé todo el camino dormitando, así que me perdí grandes hitos como una familia de ocas que cruzó la carretera y un millón de desiertos.


Ya todos juntitos comenzamos a jugar en la suite a "El juego de la amistad" inventado por CLaudio. Esto consistía en que uno hacía una pregunta sobre sí mismo y los demás tenían que contestar; el que más se aproximase a la realidad, tenía derecho a beber. Ejemplo: yo pregunto que cuántos zapatos tengo, y el que acierte bebe y hace pregunta. Todo terminó convertido en El Juego del Sexo, además de una manera muy explícita y con la puerta bien abierta, de manera que nuestros vecinos de al lado debían estar contentísimos. Nos duchamos por turnos, nos fuimos a cenar más calamares y un millón de viandas más y nos encaminamos hacia el recinto de conciertos, que lo mismo a los Señores Caoba les apetecía conocerlo. Yo ya estaba muertita de sueño a pesar del café doble, qué infortunio. Compramos unos presentes en los puestos, nos hicimos unas polaroids en las que se demuestra que Artemisa y yo somos gemelas, como las Olsen, y nos llevamos a Polapop a nuestra suite a beber junto a sus amigos. En mitad de la reunión apareció Mynerva completamente enfurecida, algo que le agradezco porque me quitó la modorra para presenciar el concierto de Astrud, el tercero y último de estos dos días.


Cuando llegamos estaba empezado, pero conseguimos un sitio bastante aceptable como en 247ª fila. Estuvieron, como siempre, fenomenal, aunque el repertorio fue más breve que la vez que los vimos en Arena. Yo hubiera agradecido alguna variación en el setlist porque casi me sé el orden de memoria, pero como soy así de fan reconozco que me daba igual. Manolo cada día canta mejor y Genís va estupendo sobre los tacones. ¿Qué más necesitaba? Hubiera necesitado que no me volviera el sueño. Volvimos toda la troupe, incluidos los valencianos, a beber a la suite antes de ir a bailar algo al ritmo de un/a tal Pomme -sí, estuve todo el festival que pinchaba yo misma y sin saberlo-.  Me bebí otro Red Bull pero eso no impidió que me volviera a quedar dormida como un bebé en una esquina, lo cual echó a los invitados y me hizo sentir súper cutre, porque si los niños nos vamos a la cama, los mayores se pueden quedar charlando y más con el sueño profundo que tienen algunas.


Domingo de Quismondo


Despertamos e iniciamos el brunch esta vez en la Termita, que es donde mejor se come. Yo creo que estuve unas cuatro horas allí, consumí una amplia variedad de comidas y, una vez más, salimos a menos de seis euros por cabeza. Esto es un milagro y no lo de Fátima. Ya llegaba la hora de irse, que si no íbamos a llegar a Madrid a las dos de la mañana. Nos duchamos, recogimos -yo encontré varias cosas que daba por perdidas- y partimos hacia Madrid. A los diez minutos ya estaba durmiendo completamente estrangulada por el cinturón de seguridad. En el kilómetro 69 paramos en ese destino que estábamos esperando como agua de mayo: Quismondo. Nos hicimos fotos en todas las posturas posibles con el cartel del pueblo y luego merendamos en un bar llamado La Kabaña o algo así, que tenía una carta divetidísima en la que vendían Hanburguesas, Entrecotts y Samwhiches. En el baño había otro fastuoso cartel: "No tiren las conpresas al WC", rematado con un añadido a boli: "arreglen el pestillo que se nos ve el chumi". Precioso comer en Quismondo. Allí degustamos algo que yo llevaba dos días pidiendo por doquier y que no tenían en ningún sitio, bravas y un mixto.Creía que moría de satisfacción mientras me lo comía. Ya medio de noche volvimos al hogar con sensación de trabajo bien hecho y yo, por supuesto, volviendo a tener sueño.


LAS CONCLUSIONES: pues las sacáis vosotros, que me ha vuelto a dar la pereza y tengo que irme al gimnasio.

13 Kommentare 2.8.05 16:55, Comment

And the Superman goes to...

Buenos días:

Creo que las crónicas contem-pop-ráneas ya han tocado a su fin, al menos por mi parte. Hala, hasta el año que viene. Sólo faltaría Rul por actualizar, pero el pobre está viviendo una reincorporación laboral bastante asquerosa, así que no sé yo cuándo tendrá tiempo. Sigan leyendo en Claudio’s.

El pasado martes tuvo lugar una medio improvisada fiesta de inauguración del hogar Iko-Supervago. Digo medio improvisada porque ellos no tenían previsto hacer una fiesta oficial-oficial, pero a lo largo de toda la mañana, y con un chorizo de unos cien mails mediante, fuimos concretando la cita en su fastuoso pisito en la calle más de moda del mundo. El propio Supervago ya ha especificado cuánta gente había en su salón –que a mí no me parece tan pequeño, pero bueno- y es que yo ni conté; sólo venía un montón de cabezas negras más alguna que otra rubia y pelirroja. Y es que Claudio y yo llevamos a dos invitadas sorpresa, Toledeitor –que es compañera de la carrera- y Matronic –que malvive en Odoroffice con nosotros-.

Cuando ya estábamos los trece, Supervago sacó una bolsa –que yo luego me quedé porque tenía un nombre precioso, algo así como Ferretería Eutimio- llena de Cds que desechaba por A o por B. Fue muy divertido el repartimiendo de los cedeses, cada uno cogiendo por turnos un ejemplar de la bolsa sin mirar, para que hubiera factor sorpresa. Al final terminamos como gorrones metiendo la mano en la bolsa sin respetar turnos ni nada, pero es que los seres humanos somos así. A Minerva le encantaban todos sus discos, aunque luego intentaba cambiarlos con Hator o con el mejor postor. A Farala le cayeron unos un poco raros, creo recordar, como un Cd-rom con software de Mac y una cosa de Movistar. A mí me tocaron algunos muy apetecibles y que no tenía, como Popemas, un Hits de ABBA y otro de Pet Shop Boys. Tremenda montañita de discos me llevé (que, por cierto, aún reposa en casa de Claudio).

Después del furor disquil comenzó el reparto de regalos japoneses, previa visualización de las diapositivas del viaje, algunas verdaderamente memorables como la de las chicas fruta. Me encantaría poder pasearme por la vida vestida de berenjena con tanta soltura, pardiez. Las invitadas sorpresa, como era de esperar, no tuvieron regalo japonés, lo cual era normal pero creo que hizo sentirse un poco incómodo a Supervago. Pobre. A mí me tocó un regalo más que bien pensado y más que útil para mi estilo de vida: una mascarilla de algodón. ¡Síííí! Ahora, cuando el aire de Odoroffice se empiece a avinagrar y ahumar, coge la patata coge y agarra su mascarilla y hala, a trabajar con dignidad. Además es blanquita, por lo que hace juego con mi Mac. Eso sí, se respira un poco mal, pero si es bueno para los japoneses es bueno para mí. El segundo regalo de la noche llegó en forma de sorteo, el cual yo hubiera amañado y destrozado a mi antojo de no haber ganado si no hubiera sido por la bondad de Matronic. El elemento a sortear era el EP Superman de Astrud, algo bastante inencontrable y cargado de morbo por el hecho de haber sido adquirido en Tokio. El sorteo se hizo con una baraja de Sensación de Vivir en la que la carta más alta era Dylan (yum yum!) y la más baja Andrea (claro). Yo saqué una Kelly Taylor, pero Matronic ganó con no sé qué; al ver que yo empezaba a hacer pucheros, directamente me otorgó el EP amorosamente, algo que yo agradezco muchísimo. Y claro, al ponerlo por la mañana me proporcionó gran felicidad, ya que era la primera vez que escuchaba Algo Cambió sin ser en directo –la canción de Claudio y mía, como todos sabéis, además de la de Manolo y Genís- y volvía a escuchar Superman después de bastante tiempo. ¡Gracias, concurso!

Entre disco y disco, mascarilla y mascarilla y gatos moviendo el brazo de una manera hipnótica como una lámpara de lava, una vecina del portal de enfrente nos mandaba callar, y es que un grupo de españoles que hace tiempo que no se ve –o no tanto- es bastante proclive a montar un escándalo terrible. En fin, espero que no se lo tengan en cuenta a los inquilinos. Para no perder las costumbres, compramos unos calamares para la cena, no fuera a ser que Claudio no los comiera por un día. A eso de las dos decidimos retirarnos aunque la Matronic nos quería arrastrar por ahí a emborracharnos más; bonita, que mañana trabajamos. Nos fuimos a la camita como un matrimonio bien avenido y viví un momento muy curioso en mitad de la madrugada: abro un ojo y Claudio está diciendo entre sueños algo sobre maquetar unas páginas. Es un adicto al trabajo, si ya lo digo yo.

EN ALGÚN MOMENTO: me debería poner a currar.

7 Kommentare 4.8.05 10:59, Comment

Breves

Buenas tardes:


- Ayer por la tarde me di una paliza en el gimnasio que no fue normal, hasta tal punto que por la noche tenía unas décimas de fiebre. No, no soy gilipollas, es que fui enganchando clases y cuando me quise dar cuenta llevaba dos horas y pico y estaba a punto de morir.


- Por la noche estaba enfermísima pero por la mañana me he levantado bien, gracias a Dior, dado que mi esposo venía esta tarde después de casi un mes entero sin vernos. Menos mal.


- Cierre medio absurdo en Odoroffice. Para variar, Claudio y yo haciendo todo y el resto de los zotes perdiendo el tiempo. Es taaaaaaan frustrante... Menos mal que nos queda la satisfacción del trabajo bien hecho. Matronic, vuelve.


- Siesta al ritmo de Pasión de Gavilanes y a recoger al novio a Barajas. Apretón terrible y reserva precipitada de un hotel de cuatro estrellas superior por un precio irrisorio porque no podemos más. Esto se llama, queridos niños, Pasión de la Patata. 


- Mañana por la mañana nos vamos unos cuantos al pantano de Entrepeñas a pasar el día. Todo campo, ensaladas y baños frescos para pasar la ola de calor. Y nada de hogueritas, ¿eh?


HALA ADIÓS: que nos vamos al hotel a hacer unas cosas.

3 Kommentare 5.8.05 19:50, Comment

Al lao del pantano (de lo que quedaba de él)

Buenos días:

Lunes de una semana que va a ser cortita para Claudio y para mí y en la que no vamos a trabajar a partir de mañana. Viva el verano. Yo es que desde que empezó el verano vivo en un continuo fin de semana, no sé cómo lo hago. ¡Qué felicidad!

VIERNES DE URGENCIAS

De urgencias fisiológicas, quiero decir. Venía Laon después de un mes enterito sin vernos -por culpa de mis compromisos sociomusicales, he de decir a su favor- y va mi madre y me dice por la tarde que a las diez empieza en Telemadrid una peli que le apetece mucho ver. Fastuoso. Y nosotros con un calentón terrible. Nos metimos en internet y en cinco minutos ya teníamos la reserva hecha en un hotel que resultó valer el precio de oferta que abonamos y no los originales 300 euros que figuraban en su lista de tarifas. Con una excusa bastante absurda, partimos hacia nuestro nidito de amor -y de sexo, diría yo- cargados de todas las viandas que necesitábamos para el día de campo del cual íbamos a disfrutar el sábado. Bueno, eso creía yo, porque me había olvidado la mitad de las cosas en la nevera de mi casa...

SÁBADO LARGUÍSIMO

Como me había olvidado todo en la nevera, tuvimos que volver a mi casa y fijar ahí el lugar de encuentro de todos los excursionistas, que éramos: los Sres. Caoba, Claudio, Artemisa y su Yosua, además de nosotros dos. Después de mucho marear la perdiz y de horas en una gasolinera, nos enfilamos hacia el Pantano de Entrepeñas y Buendía, entre Cuenca y Guadálajar. Yo recordaba ese pantano como una especie de mar de agua dulce, profundísimo e ilimitadísimo, ya que de pequeña fui a dos campamentos ahí al lao. Cómo debía ser de navegable y caudaloso el tema que hacíamos vela, windsurf y piragüismo; vale, que no era en plan Maui, pero se podía practicar todo de una manera más o menos digna. Cuando llegamos el sábado, pudimos comprobar los estragos de la pertinaz sequía en el volumen de agua contenida, que dejaban al pobre pantano en una situación verdaderamente trágica. Se notaba perfectamente dónde había habido agua porque había como restos de alguillas y algún pez muerto -bueno, al menos vimos uno pero seguro que había más- y yo calculo que había tramos con veinte metros más de orilla. Terrible. La zona estaba hecha un secarral, ni media sombra para poner la mantita con las viandas y no morir de calor. Al final, encontramos una especie de pinar -con unos pinos bastante raquíticos y a un kilómetro del agua, y esto último no es una exageración- donde establecimos el campamento base.

Una vez colocadas unas mantitas para no desollarnos el culo contra los pinchos del suelo, sacamos toda la comida que habíamos llevado, con la cual podíamos haber alimentado durante unos meses a un país subsahariano, porque vaya exceso. Sobre todo, exceso de grasas, materializado principalmente en las empanadillas y minicroquetas de Claudio y las cocletas de la madre de Rul. Todo delicioso y abundantísimo, lo mejor para terminar de abotargarnos con los vientos saharianos que nos asolaban. Al terminar de comer sacamos el Party Gramola, que es como el Party de toda la vida pero con canciones. El Yosua era el juez y los equipos eran: Gris Marengo (Rul, P y Artemisa) y Amarillo Limón (Laon, Claudio y yo). Después de muchas partidas, los Amarillo Limón terminamos perdiendo, no sólo gracias a mi imposibilidad total de tararear American Pie, sino también por culpa de la desconfianza total de los miembros de mi equipo hacia mí, hasta el punto de que me quisieron cambiar por una piña. No hay derecho. Al final del juego y dados los agradables vientos de 50º que corrían, P se puso un poquito pocha y se tuvo que tumbar al fresquito del aire acondicionado del coche. No se sabe por qué, al equipo Amarillo Limón nos dio una especie de arrebato Lost o La Isla de los Famosos y decidimos encaminarnos en busca de la orilla del pantano para bañarnos. Llegar a la orilla no iba a ser tarea fácil...

Tuvimos que atravesar todos los tipos de suelo que estudias en los libros de Sociales en el cole, hasta que media hora después, encontramos el agua. Ahí no había ni cristo bendito, nos podían haber violado que no se hubiera enterado nadie, aunque ya tendría que ser tonto un violador para irse a los restos del pantano de Entrepeñas a buscar víctimas. Tan solitos estábamos que aquí a mis dos machos les dio un ataque de El lago azul y se pusieron a nadar en cueros; yo no estaba tan suelta, así que sólo hice topless. Y ahí estábamos los tres remojándonos en las escasas -pero limpias- aguas del pantano ajenos al mundo, dado que éramos la única forma de vida que había en el lugar. Algo más fresquitos, emprendimos la marcha al campamento base, una tarea mucho más complicada de lo que pensábamos.¡Diorrr, qué camino tan largo y caluroso! Como unos náufragos llegamos con el tiempo justo para recoger e irnos a una piscina municipal a refrescarnos; ya habíamos hecho lo suficiente el rural. Artemisa y Yosua, de hecho, se fueron ya a Madrid. En la piscina de Buendía fuimos la sensación, ya que los lugareños nos miraban con una cara de pasmo tal que si hubieran visto un ovni; bueno, o al Beckham, porque para mí que se pensaban que éramos famosos, todos con gafas de sol y ricos ropajes. No sérg, o eso o es que realmente dábamos un cantazo terrible de urbanitas fuera de lugar. En este sitio no se podía entrar con bebidas, pero como no ponía nada de la comida, Rul y yo salimos al coche a coger avituallamiento; Diorrr, qué buenas estaban las empanadillas recalentadas, mmm... A las ocho nos echaron y volvimos a Madrid. Por el camino, paramos en una especie de presa-mirador que se podía visitar, de la cual salimos medio escaldaos porque el susodicho mirador se sostenía con unas vigas de unos tres centímetros de grosor sobre la nada. Anda que se monta ahí la WW y ya tenemos catástrofe organizada...

Al llegar a Madrid, nos duchamos, nos vestimos y quedamos con Artemisa y Sundae, que estaba de visita en Madrid. En mitad de la caña, me dan unos golpecitos y me aparece Marga con su novio JL. Qué encuentros, rediorrr. Me comunica que va a estar en Londres los mismos días que nosotros y en una casa al lado de nuestro hotel, con lo que me siento mucho más segura y menos cercana a la muerte. Si es que mamá Marga siempre tiene razón. CUando nos cerraron el chiringo, nos fuimos a un irlandés súper cutre a tomar una última cerveza, y ya monté yo el espectáculo de ignorancia pidiendo una Guiness sin saber que es negra, y mareando al camarero pidiéndole de todo: que si un Nestea, que si un café con hielos, que si media pinta de nosequé. Ya ves, culo de mal asiento que es una. A las dos y pico nos metimos en la cama agotaos y medio socarraos. Hay que ver lo parisina que está Sundae, olvidaba comentar.

DOMINGO DE INTIMIDAD

Pues sí, el domingo lo pasamos prácticamente de lecho en lecho, dado que mi madre había desaparecido y ni siquiera durmió en casa. Había que recuperar el tiempo perdido.

MAÑANA: cuento una cosa sobre el incendio de Casavieja (Ávila).

TAMBIÉN: os introduzco en el mundo del amuleto. Increíble.

8 Kommentare 8.8.05 13:03, Comment

De muletos e incendios

Buenos días:

Tal y como dije ayer, tenía que contar una cosa sobre amuletos y el incendio de Casavieja, así que procedo:

El muleto

Una amiga me contó una extraña historia que le pasó a su madre hace poco; ellas son de origen mexicano, así que están bastante familiarizadas con el tema de los curanderos y los amuletos. Un día descubrió mi amiga como un colgajo en la guantera del coche de la madre; después de preguntarle a todos los que habían pasado por el coche que si lo habían puesto ellos, llamaron a México a ver si les sonaba el cacharro este. Pues sí, en efecto el zancarrajo ese era un amuleto y alguien lo había colocado ahí para hacerle mal a la madre de mi amiga. A mí lo que más me intrigaba era cómo había llegado ahí dentro, pero tenía una explicación lógica: la madre es muy despistada y se deja muchas veces el coche abierto, con lo que alguien debía estar siguiendo sus pasos para en un descuido colocarle el amuleto en la guantera. Pero esto no queda aquí: todos los que habían tocado el amuleto tenían que limpiarse, no fuera a ser que les hiciera efecto a ellos; así que, también vía México, les llegaron unos consejitos dignos de La Botica de la Abuela para purificarse. Tenían que quemar el cacharro con alcohol y después pasarse un limón por todo el cuerpo y no sé cuántas cosas más. Al final, se han conseguido deshacer del amuleto y borrar sus efectos gracias a lo del limón, pero el mal rollo que se te tiene que quedar al saber que hay alguien que te desea tanto mal como para pagarle a alguien y que te fabrique un amuleto...

El incendio en Casavieja

Todos aquellos que estéis en Espanlla habréis visto en todas las noticias lo del incendio en Casavieja (Ávila), ¿no? Bien, pues adivinen quién veraneaba ahí hasta los quince años, la abuela de quién tiene una casa en ese pueblo -y está en ella, incluso- y los padres de quién se conocieron en él. Po_zí, la respuesta es patata. De ahí que mi madre me despertara el domingo por la mañana para contarme la noticia sorprendidísima. No es la primera vez que hay fuegos en esa zona, pero sí que sea en el término municipal.

Mis fuentes fidedignas ubicadas en el mismo pueblo me han contado algo que no trascendió a los medios, pero que tiene su aquel: el causante del incendio es un lugareño enfadado con otro lugareño por una típica cuestión de quítame allá esa cancela de mi finca. Al buen señor no se le ocurrió otra manera mejor de vengarse que quemando el bosque, algo que anunció incluso en internet -no sé cómo, me encantaría encontrar esa web donde se anunciaba el pirómano- así que inició cinco focos. Fíjate tú qué bien. En cuanto se supo quién había sido, la Benemérita lo tuvo que detener corriendo porque los casavejanos iban a lincharle. Es que son bastante borricos en toda esta parte, hay que reconocerlo.

Y nada, me ha hecho mucha ilusión -no el fuego, ojo- ver en la tele rincones de ese pueblo donde pasé muchos días de mi infancia con mis primas, empezando por el bar de Justino, el descampao donde ponen la plaza de toros y un montón de sitios más. Lástima que para verlo hayan tenido que arder ochocientas hectáreas...

Me he puesto un poco nostálgica viendo Casavieja por la tele, lo cual no quiere decir que yo vaya a poner un pie en ella. Una tiene momentos de revival, pero no de estupidez suprema: es el único pueblo ubicado en la sierra donde hace más calor que en el propio Madrid, más ruidoso que la Gran Vía y con las fiestas más terribles del mundo. Ay, qué tierna infancia.

Ahora no quiero desatar envidias ni odios, pero tengo que anunciar esto: mañana voy al concierto de Franz Ferdinand gratis y con acceso al baquesteich. Cosas del periodismo... En estos momentos y cuando me dan de beber gratis es cuando los odores de Odoroffice pasan desapercibidos... Mmmm...

YA OS CONTARÍA: lo del concierto, pero el jueves.

9 Kommentare 9.8.05 12:20, Comment

Manipulada

Buenas tardes:

La patata ha sido manipulada. Bueno, su cuenta bancaria. Tampoco; un cajero en el que sacó panoja hace casi un mes. A ver, que me explico fatal hoy, cómo se nota que ha cambiado el tiempo.

Cuando fui de novia paquete a la boda del primo de Claudio, saqué dineros -pocos- en un cajero en Salamanca. Hasta aquí todo bien, si no fuera porque hoy me han llamado del banco para comunicarme que ese cajero ha sido manipulado y que van a cancelar la tarjeta con la cual saqué. Y ahí he estado como una pánfila diciendo sí a todo mientras la señora banquera me iba leyendo mis últimos movimientos bancarios en los cuales, por cierto, no había ninguna anomalía. Es decir, que no me han hecho ningún desfalco, ni el más mínimo, pero por seguridad me anulan mi tarjeta. Todo esto no debería tener la mayor importancia si no fuera porque mañana directamente desde el trabajo me voy a Zamora al fastuoso festival Electro in Río (al lao de un río) y no vuelvo hasta el sábado, de manera que no voy a poder recoger mi nueva tarjeta hasta que no vuelva de Londres -la ciudad segura- ya que me voy para allá el lunes. Todo fenomenal. Así que he bajado a otro cajero (éste de los fetén, espero) como alma que lleva el diablo, he sacado un poco de avituallamiento monetario para aguantar unos días y hala, a tirar de Visa. A ver si el viernes la tienen y me la puede recoger mi momó...

También he aprovechado para comprar libras; mejor dicho, intentar comprar, ya que no me las tienen hasta mañana, y previamente he mantenido una conversación de besugos con el tío del primer banco al que he ido:

- PATATA: Hola buenas, que quería comprar libras.
- BANQUERO: No, no tenemos, tardan dos días.
- P: bueno, pues adiós, pruebo en otro sitio que me corre prisa.
- B: sí, es que al no estar ya en circulación tardan más en traérmelas.
- P:... ¿perdón?
- B: claro bonita, la lira hace ya años que no es de curso legal, ahora tenemos el euro.
- P: ya ya, si yo le he pedido LIBRAS ESTERLINAS.
- B: es que la lira no es de curso legal y tarda dos días.
- P: que sí, que me voy a otro banco. Adiós.
- B: la lira no está en circulación y tarda dos días, ¿sabes?
- P: (esto es como un bucle, por favor, que me deje marchar) Gracias, adiós.

Y más o menos me he conseguido escabullir. Ha sido terrible, como si se hubiera atascado en esa frase.

SIGO PRACTICANDO: las canciones que cantaré y bailaré esta noche al ritmo de lo de FF.

CUIDADITO: con los cajeros, que son mu malos.

14 Kommentare 10.8.05 12:46, Comment