Archives
Pongase zapato cómodo
Buenas tardes:
Todo el santo día diciéndome a mí misma “venga, mujer, actualiza ya” y nada, me han dado las uvas y aquí estoy sin actualizar. Hoy he tenido algo de jaleíllo y se me ha ido el santo al cielo, y más tal y como tengo la cabeza en estos momentos, un poco más pallá que pacá, y eso que me he tomado un pseudoredbull asqueroso para revitalizarme un poco.
Jó, lo malo que tiene actualizar a estas horas es que lo de anoche ya lo ha contado alguien y lo mío va a tener escaso interés, aunque siempre está bien tener más puntos de vista (sobre todo desde que la vista está aderezada por complementos de lujosas firmas francesas como Dior.
Pues sí, llegamos a las diez un poco pasadas Supervago, Iko, Minerva, Páquin y yo al matadero de moda aquel, y Rul nos esperaba en la puerta tan paciente él. Cuando nos adentramos en el recinto comprendí de qué iba aquello de calzado cómodo, mientras mis taconcillos de Salvador Bachiller se hundían irremediablemente en un terruño. Aquí la patata inteligente queriendo hacerse la guai y sacando los pies del tiesto y al final todos los zapatitos recién estrenados con el tacón hecho polvo. Me lo merezco.
Nos extrañó muchísimo que nos dieran un papelito por valor de una copa, hasta que descubrimos que era lo único gratis en toda la fiesta. ¿Y los canapés? ¡Pero si no habíamos cenado! Por un puto rumore rumore pasamos más hambre que el elenco de modelos de Cibeles. En fin, habría que beber. En seguidita me encontré a V y nos fuimos a ver el concierto de Arakis, que suscitó todo tipo de opiniones. La verdad es que yo aluciné con su tipazo y presencia sobre el escenario, y me hicieron mucha gracia las pequeñas Arakis de los lados. Todo muy tétrico y muy industrial, me gustó me gustó. Después de este concierto intentamos ir a por otra copa pero ya fue la locura, y empezó la sensación de “nochevieja en Kapital” o algo peor. Había millones de personas, entre conocidos, amigos, fotobloggers, bloggers, artistas, periodistas… Y muchas sorpresas para mí: Sandy apareció con unas amigas de clase y poco después nos encontramos con una compañera del instituto que vive en el Líbano pero que estaba de visita. ¡Qué cosas! Matador une, aunque no vi ni una sola muestra de la revista en ningún sitio. Misterio.
Mientras actuaba Aviador Dro, Rul y yo intentábamos pedir en la barra, pero tuvimos que esperar como media horita larga porque una plasta debió pedir como veinte copas; la tía bestia llevaba una lista y todo, por Dior. Entre tanto, acabaron los Aviador y nos pusimos a hacer tiempo para Glamour to Kill (el grupo que más actuado en Madrid en los últimos días, por delante de la cupletista Olga Ramos). Y nada, empezaron y la verdad es que vaya diferencia con el Pocho el otro día: había espacio, no hacía calor y VEÍA ALGO!! Todo novedades. A mitad del concierto apareció V por mi lado y nos fuimos juntos a los urinarios, que eran como los del Contempopránea, así que ya me perdí todo el final, pero me llevaba por ahí a presentarme personajes interesantes. De repente me disgregué y me encontré a toda la trouppe que se iba, así que me retiré sin despedirme, qué mala educación –es que no he ido a colegios de pago-. Y allí nos metimos los seis en el coche, con Laura sobre Supervago acomodándose entre sus piernas, y peleándose sin parar. EL viaje en el coche fue como de película de los Hermanos Marx, hasta llamó V y todo, y muy amablemente me acercaron a casa, algo que agradezco con todo mi corazón porque mis maltrechos pies ya no me sostenían. Qué dura es la vida cuando se sale!
Y hoy nada, he aguantado todo el día como una machota en la oficina, pero ahora en el avión va a ser harina de otro costal. Voy a caer como una bendita. Pero reviviré cuando el bello Laon me acoja entre sus brazos y sus piernas…
MAÑANA: ¡a patinar! ¡Yuju!
EL SÁBADO QUE VIENE: ¡a París! ¡JUAS JUAS!
QUÉ EMOCIÓN: conocer al Fan dentro de muy muy muy poquito. Moooola!
Hola 3200!!!
Buenas tardes:
Tres semanas tocándome el higo sin parar (y no por voluntad propia, si no por culpa de la mala organización de otros) están empezando a tener nefastas consecuencias. La más grave, que tengo menos de diez días para terminar un número que se me está haciendo interminable. Y encima el sábado al alba me voy a París, así que de adelantar algo en casa... res de res. Molt bé! Pues hala, a correr.
Así que sólo dedicaré unos minutillos al blog para decir que cuando tenga tiempo volveré con creces, y para presentaros a lo que desde esta madrugada a las 00,01 será mi nuevo móvil: el Nokia 3200. Pues sí, he decidido abandonar a esa compañía chapucera llamada Amena, que me dejaba sin cobertura en sitios tan recónditos como la Gran Vía madrileña o el Paseo de Gracia barcelonés. Y me uno a Vodafone, la compañía de David Beckham y de los anuncios más divertidos de los últimos meses en telefonía móvil. Esta joyita me la dejan por una miseria sólo por abandonar a mi otra compañía por ellos: mmmm, qué divorcio más bueno he hecho. Y a todo esto me llamaron de Amena la semana pasada para ofrecerme un apartamento en Benidorm si no les dejaba: LO LLEVÁIS CLARO.
Aquí está mi nuevo juguetito:
YA QUEDAREMOS: al Fan, pero la semana que viene que ésta no puedo! Patata agobiada.
YA QUEDAREMOS EN PAGUÍ: Supervago y yo, jis.
Marilín Mansón
Buenos días:
Parece que las maratones de escribir que me he pegado estos dos días me van a permitir hacer hoy una entrada medio decente. Es que vaya desorganización, pardiez.
Aquí sigo entusiasmada con mi nuevo juguetito telefonil, aunque no es ésta la palabra que mejor define mi estado de ánimo. Estoy más bien estresada por la cantidad de funciones y disfunciones que tiene este complejísimo aparatejo, que son totalmente desconocidas para mí. Yo hasta ayer tenía un 3310, que es un móvil sencillito, de pantalla en verde y negro y cuatro cosas más. Ahora me estoy volviendo loca intentando desvelar tanto misterio del MMS, GPRS y LSD.
Para empezar, soy incapaz de mandar un mensaje con imagen. Incapaz del todo, no hay manera. ¿Voy a tener que enviar el móvil con la foto hecha por mensajero a la persona en cuestión? A este paso lo voy a acabar haciendo así. Para continuar, efectivamente sí viene con el aparatito troquelador, pero me temo que no le voy a dar mucho uso. Ayer cambié la carcasa publicitaria original en la que ponía VODAFONE por todas partes, y sudé tinta para recolocar la nueva. Allí nada encajaba y todo se veía de un tipo de plástico duro de ése que es súper frágil y que se rompe al menor movimiento mal calculado. También tuve mis dificultades para retirar la carcasa, porque me puse a tirar del botoncito de encendido y casi lo arranco de cuajo. Vamos, un papelón. No vuelvo a quitar la carcasa ni aunque me diera el propio Salvador Dalí una obrita suya para troquelar. No no.
Mi otro drama, junto al de los mensajes, es el de las melodías. ODIO profundamente el puto politono, no me gusta que cada vez que me suene el móvil se escuche una orquesta porque a) da vergüenza y b) no reconozco esos musiqueos como un timbre de teléfono y no lo cojo. Antes tenía un "monotono" o "cutretono" de esos incómodos al oído y que te hacen coger el móvil a toda velocidad nada más sonar. Además, tenía de sintonía una extraña variedad de Un hombre de verdad que hacía mis llamadas súper reconocibles. ¡¿Y ahora qué me pongo de sintonía?! ¿Obsesión? ¿Dragostea? ¡Yo quiero mi sonido de antes, me gustaba y al menos lo reconozco! En fin, que me estoy viendo con el compositor de melodías inventándome una versión. Qué vida tan dura la del politono y las nuevas tecnologías.
Hoy me duele el pulgar de la mano derecha después de pasar todos los números de la agenda vieja a la nueva. Esto me ha servido para eliminar a algunos enemigos y gilipollas varios a los que sé que no volveré a llamar jamás, ni para insultarlos. Lo que me ha parecido súper innovador y positivo es la radio, que he venido escuchando esta mañana por el pinganillo. Eso sí, tengo que encontrar una emisora que me satisfaga, porque acabo de recordar el motivo de mi poco aprecio por las ondas medias y las frecuencias moduladas: no me sé las canciones.
En otro orden de cosas, ayer descubrí esta noticia que me recordó a una conversación que mantuve el domingo con Laon y Xavi. Después de ver un vídeo del Marilín Mansón se me ocurrió comentar que este hombre me produce algún tipo de morbo-atracción. Tras años viendo sus transformaciones, estilismos imposibles, polémicas varias y apariciones en documentales de M. Moore, me he dado cuenta de que me atrae. ¿Por qué? No lo sé, no tengo ni la más remota idea del porqué de esta inexplicable filia, pero de la repulsión (física) a la atracción sólo hay un paso, y creo que lo he dado. ¿Seré una degenerada? ¿Acabaré chupando pies por el mundo? Lo de Marilín me ha hecho recapacitar sobre los hombres que me resultan atractivos últimamente, y creo que sí, estoy fatal, porque navego entre los extremos más inverosímiles: el clásico Brad Pitt, el osuno Spunky, el Marilín, el Jarvis Cocker... Y luego tengo un novio que no tiene nada de estos individuos pero con el que estoy plenamente satisfecha. ¿Qué me pasa, doctor?
Y nada, vuelvo al tajo, que me toca otra maratón.
YA QUEDA MENOS: Para Paguí la nuit!
UNA AYUDITA: Si alguien sabe qué coño puedo hacer con este móvil, que me lo diga!!!
Politono Claudio
Buenas noches:
Parece que ya he encontrado una melodía para mi nuevo móvil, un sonido lo suficientemente reconocible como para saber que es mío, totalmente original y nada escuchado. Se trata del Politono Claudio. Él mismo (Claudio) me ha grabado con su voz un pequeño speech en el que dice "Me llaman mal, me dicen mal, me llaman mal el nombre", que suena en cada llamada entrante. Ahora tengo cubiertas todas las necesidades:
· Diferenciación
· Gratuidad
· Originalidad
· Un hombre de verdad (o es que Claudio no lo es???)
Terminada ya la cuestión "móvil", en breve comienza la cuestión "madrugón". Mi vuelo a París sale a las 06,30, lo cual implica que me tendré que levantar en breve, como a las cuatro. Pues no te acuestes, diréis. Craso error, porque en cuanto aterricemos en Orly saldremos pitando para recorrernos la ciudad del Sena (y de Cocó Chanel y del Atelier de Karl Lagerfeld, hay muchas más cosas). Así que nada, a la camita ya.
Anoche hicimos una cena para celebrar que Claudio deja H&M, y la cenita íntima acabó convertida en una divertida reunión de gente de lo más variopinto: Iko, Rul, Claudio, Laura, Páquin, la prima de Laura, su amiga Silvia y su amiga Laura. Cenamos en La Fontana, un auténtico hallazgo, y luego fuimos a un sitio cuyo musiqueo infernal no me gustó nada, pero me lo pasé fetén gracias mayormente a la compañía. Me tenía que haber retirado a las doce, pero a las dos y pico entraba por la puerta de casa. Hay que ver lo fácil que es convencerme, por favor. Deberíamos dejar los jueves como "día de cenar como adultos de verdad y después tomar una copita en un sitio modelno". Estamos trabajando en ello.
Y ahora, a Paguí con Mamá Patata y Tía Patata. El miércoles espero tener tiempo de hacer una croniqué, aunque estoy de cierre así que me temo que no será. A ver si veo a Supervago, a ver si voy al Boulevard Saint Michel... Muchas cosas en Paguí.
FOTO FOTO! En el Blvd. Saint Michel!
MON DIEU! Qué manera de no dormir esta noche.
En efecto, fue en París (I)
Buenos días:
Parece que ya me voy recuperando del impacto que para mí ha supuesto la primera visita de mi vida a la ciudad de la luz, del ammmmor y del Louvre, es decir, Paguí. Aunque no puedo parar de decir ¡QUIERO VOLVEEEER! ¡ODIO MADRIIIID! ¡QUÉ FEO ES MADRIIIIID! Y es que, una vez que has pasado por París, todo lo demás te parece una mierda, hasta esta ciudad que me vio nacer y crecer feliz convencida de que era un sitio bonito y agradable; ahora me encantaría prenderle fuego para que la reconstruyeran un poco en plan parisién. Yo quiero volver, no me gusta Madrid. 
El sábado viví el madrugón de mi vida: me levanté a las cuatro de la mañana después de haberme acostado a las doce y pico, como se demostró en mi última entrada. No es que estuviera nerviosa, simplemente no me podía acostar antes porque no tenía la maleta hecha del todo y porque no me puedo acostar antes de las doce y algo salvo que esté enferma. Al final, no me sirvió de mucho el quedarme para hacer el equipaje porque yo no sé en qué coño pensaba mientras lo hacía. Parecía que mis conocimientos geográficos hubieran desaparecido por completo, porque debí pensar que París está en el Caribe: me fui tan ufana con una americana de panita y unos merceditas de piel como única protección contra la lluvia. ¿En qué coño estaba pensando? ¡Pero si hacía un frío del infierno!
Llegamos medio tarde al aeropuerto, porque Tía Patata se durmió, así que nos tocó sentarnos separadas (nos dio igual porque fuimos durmiendo todo el viaje). Íbamos con Alitalia vía Milán porque no había otro vuelo disponible en todo el mundo -para que luego digan que no hay dinero y que la gente no viaja: la gente sólo va donde voy yo para joderme los viajes-, y la verdad es que me encantó conocer esta nueva compañía. Nos dieron un desayuno delicioso y abundante, y la tripulación fue amabiliísima. Me sorprendió mucho que las azafatas fueran azafatos: no había mujeres, los auxiliares eran todos hombres, algo que aún no sucede en España. El punto paleto de mierda lo puso una familia española que iba sentada detrás de mí, que no paraba de quejarse porque la megafonía lo decía todo en italiano y en inglés, y porque los azafatos no hablaban la lengua de Cervantes. A VER, COÑO, es una compañía italiana que vuela a Milán, no tienen porqué saber español. Yo viajé a Berlín con Iberia y ningún pasajero alemán se quejó de que no dijeran nada en su idioma. Luego los paletos se quejaron también de que los pasajeros de Preferente salieran antes del avión (¿¿¿???): A VER, COÑO, han pagado el triple de pasta que tú y alguna ventaja tenían que obtener además de cava gratis. Además, si están antes que tú en el avión será lógico que desalojen antes, a no ser que les pases por encima. Hay gente que no debería salir de casa.
En Milán estuvimos como media hora, y en este corto período de tiempo se cumplieron varios tópicos sobre los italianos: repeinaos y con melenita, gafas de diseño, jersey sobre los hombros, actitud lamentablemente chulesca con las hembras. Sólo les faltó sacar un plato de espaguetis, de verdad. Aterrizamos en el Charles de Gaulle y yo ya empecé a quedarme boquiabierta con los tamaños: ¡POR FAVOR, QUÉ AEROPUERTO MÁS INMENSO! No me extraña que haya un iraní viviendo en él, podría llevarse a varias familias de exiliados porque hay sitio para todos. El hotel era monísimo, de esos con encanto (aquí charme), situado al lado de la estación de Saint Lazare y con un recepcionista simpatiquísimo que se empeñaba en hablarno en inglés a pesar de que nosotras queríamos français. Soltamos las maletas y empezamos el tour.
Bajo una cortina de lluvia impresionante nos dirigimos andando (somos muy andariegas, nosotras) hacia el Sacre Coeur, pasando por el horterísimo Moulin Rouge y por toda la calle de los sex shops. Coincidió nuestra estancia en París con un partido Francia-Irlanda, y estaba todo lleno de irlandeses con sus camisetas verdes, sus gorros inmensos, sus barbas falsas y sus mangas cortas a pesar de los 10ºC. Decidimos pasar el resto de la tarde en el barrio de Montmartre, donde ya compramos todos los souvenirs para amigüitos y familiares (que fueron más bien pocos porque los precios parisiéns son prohibitivos para el españolito medio) y, eso sí, recuerdos para nosotras. Esa tarde me compré un bolso-limosnera precioso, unas botas de après-ski y unos pantis súper eróticos. Y es que el dinero gastado en mí siempre está bien gastado: lo aprecio todo divinamente. Me quedé totalmente emocionada con este barrio, con sus callecitas estrechas, con su gentecita caminando por la calle con su baguette bajo el brazo, con sus casitas de dos plantas... Todo taaaaan típico que me quedaría a vivir. Incluyo esta linda imagen en una pared montmartriana. ¿No es para quedarse y todo?
Muertas de cansancio (habíamos dormido tres horas y pico) nos retiramos a nuestro charmhotel a ver si cenábamos algo por ahí, y yo me encapriché de un restaurante indio donde comimos unas delicatessens riquísimas a precios no demasiado altos. A las once estábamos durmiendo agotadas, heladas pero con la sensación de que esto no hacía más que empezar...
MAÑANA: sigo, que como haga un entradón de millones de palabras, yo misma me aburro de escribir.
ODIO: Madrid, quiero estar en Parííííís!!!
En efecto, fue en París (II)
Buenos días:
Prosigo con mi narración, a sabiendas de las endibias generadas y las que generará. Por si acaso, y a mi favor, prevengo: no se leerá nada de fiestas locas ni ligoteos ni cenas-cines en restoranes caros. Todo muy guiri y muy "jó qué rebonito es tooooodooo!".
Domingo
Nos levantamos temprano y nos fuimos a desayunar a la brasserie de al lado del hotel. Pagamos 14 euros por tres cafés y tres cruasanes, que no está mal (dense cuenta del encarecimiento de todo en esta hermosa ciudad). Con las energías repuestas partimos hacia lo que se había convertido en un reto personal: ver el grueso de París en una sola jornada. Y lo conseguimos (aunque con nefastas consecuencias para nuestras plantas de los pies, gemelos y cutis -por el frío-. Comienza el tour frenético:
- Nôtre Dame con sus torres y todo.
- Saint Chapelle
- Louvre
- Paseíto por la Isla de París
- Musée d'Orsay
- Arco del Triunfo
- Campos Elíseos
- Torre Eiffel
A pesar del agotamiento, yo iba como una posesa de un sitio a otro, queriendo ver más y más a pesar de las ampollas y del frío que se te metía por todas partes. Lo peor fue en la cola de la Torre Eiffel, que era ya de noche y no había quien parase. Aquí llegamos andando desde el Arco del Triunfo (íbamos a patita a todas partes, yo no sé cómo aguantamos), y yo cada vez me emocionaba más a medida que la torre iba haciéndose más y más grande. ¡Pero si no mide 10 centímetros, como ésa torre-imán que hay pegada en todas las neveras! Claro, toda la vida viéndola en dos dimensiones y encima reducida, una vez que te encuentras debajo de sus cuatro pilares te sientes tan tan tan y tan pequeña (que ya lo soy, pero aún más). Casi lloro de emoción, de verdad, cuando estaba a sus pies. Subimos en ascensor, y yo me lié a hacer fotos desde arriba porque no me lo podía creer: ¡pero qué grrrande es todo en París! ¡Pero qué avenidas, qué plazas qué bulevares!!!!! Desde el Arco del Triunfo no me podía creer lo que veía, era todo tan... Jó, es que ni tengo palabras! Yo no sé cómo podía estar tan alucinada con esta ciudad, porque yo ya he visto bastante mundo y no me debería sorprender tanto, pero debe ser que Paguí es Paguí, y aunque te hayas pateado la Plaza Roja de Moscú (no es mi caso), siempre redescubrirás esta ciudad. Si ya lo decía la película: París bien vale una moza. No sé si la frase viene al caso, pero es genial. Aquí la Torre Eiffel vista desde el Arco del Triunfo:
Como no me apetece enrollarme más (tengo que empezar a hacerme a la idea de que estoy en Madrid, no en París, y si me paso la vida recordándolo me da una depresión o dos), haré mención a la anécdota friki del domingo, que nos acompañó el resto de la estancia. Mientras intentábamos ver la Mona Lisa (vaya con el cuadrito sobrevalorado! Esto es lo único que no me gustó de París, junto con los precios), una turista española de esas de "a ver si me habláis más español" va y suelta: "Hay que ver, qué bien pintada está". Suelta eso y se queda tan ancha. Pero buena mujer, ¿cómo puede ser ése el único comentario que se te ocurre mientras ves el cuadro más famoso del mundo? Di que qué bonita, que qué curioso cómo su mirada te persigue por toda la sala o que qué pequeño es pero... ¡BIEN PINTADO! Desde entonces, utilicé esa frase para todo: qué bien construida está la Torre Eiffel, qué bien pensadas están las estufas de las terrazas, qué bien asfaltadas las calles...
MAÑANA (O LUEGO): La última entrada del viajecito de marras.
LUEGO: Viene Laon, yupiii! Très bien, très bien.
BRUSELAS: Ya queda menos, ahora a por ti (aunque sea por tercera vez).
Y ya termino con Paguí
Buenos días:
Tanto tiempo en Madrid y ya parece que se me está empezando a olvidar mi experiencia parisién. Jó, es que hay que ver lo efímera que puede llegar a ser la memoria, por Dior. Y con este fin de semana del ammmmor no he tenido tiempo de hacer la última entrada de la crónica del viajecito de marras, que voy a terminar de una manera breve y concisa para no resultar pesada:
Lunes
Como en la jornada anterior nos habíamos hecho el recorrido destrozapies más rápido del mundo, el lunes no nos quedaba ya tanto por ver, así que bajamos el ritmo. Intentamos ir a Versalles, pero los lunes son el único (puto) día de la semana que cierra el palacio de marras. Nuestro ritmo se aminoró aún más, y acabamos por pasear plácidamente por París en actitud guiri. Hicimos el recorrido en barquito por el Sena (con auricular explícalotodo incluído), nos pateamos los alrededores de las Galerías Lafayette, nos adentramos en alguna tienda que otra, comimos en alguna crepperie que otra y nos dispusimos a pasar el resto de la tarde en Montmartre, para que yo me despidiera de ese barrio que tanto me gustó. Hablé con Supervago y quedamos allí para cenar, pero a medida que se iba acercando la hora de vernos la lluvia empezaba a caer con más y más fuerza. ¿Pero qué invento era esto?
Cogimos mesa en Chez Eugene, en plena Plaza del Tertre, y pedimos unos menús medio asequibles acompañados de la botella de agua más cara que había visto en mi vida: 7 euros la botella de litro. ¿Pero de qué era el agua, de oro macizo? El restaurante tenía una terraza que debía estar techada con titanio reforzado, porque estaba cayendo una chupa de agua tremenda y allí no nos caía ni una gota. Apareció Supervago empapado y se quedó a cenar con nosotras. Casi me muero de risa cuando nos contó indignadísimo que había visto una rata gigante en el metro con un cacho de pan en la boca. Qué imagen tan mítica de una rata, ¿verdad? Al final, pareció que la lluvia amainaba un poco y ya partimos hacia nuestros respectivos hogares, que nosotras nos teníamos que levantar (sólo) a las 3,45 de la mañana.
La ida al aeropuerto fue un poco desastrosa por culpa del exceso de ahorro de mi madre y de mi tía. Yo les dije que fuéramos en taxi aunque fuese el Charles de Gaulle, pero ellas erre que erre con que no y que no. Llegamos a la Gare du Nord para coger, supuestamente, el tren de las 5 qeu nos llevaría al aeropuerto, pero como las máquinas de billetes no cogían ni nuestras tarjetas ni admitían billetes, lo perdimos. Acabamos cogiendo un taxi que nos costó sólo cuarenta euros. Conclusión: nos podíamos haber levantado una hora más tarde y haber ido cómodamente y sin prisas en un taxi. Nunca máis.
La vuelta a Madrid fue vía Milán, again, y yo dormitaba y dormitaba hecha una zombi. ¡Qué largos se me hicieron los vuelos! Al llegar ya a Madrid, lo primero que noté fue la subida de las temperaturas, la presencia del sol y los edificios horrorosos que rodean a Barajas. Nada más salir de la terminal, un vehículo raro del ayuntamiento de esos que van limpiando las calles echando agua pasaba por la puerta de la misma terminal, y nos empapó a todos los viandantes. Estupendo. Vaya mierda de llegada. Yo lo que quería era volver a París.
La tarde del martes transcurrió entre el sopor y una película maravillosa que echaban en TVE1 sobre la hermana pequeña de Sisí Emperatriz. Una obra de arte que duró como 15 horas, y que yo medio vi. Me privan los telefilmes. A eso de las ocho hice alarde de fuerzas y guardé toda mi ropa de verano para extraer la de invierno del fondo de mi armario. Hice una buena limpia de ropa, zapatos y bolsos de la que extraje una conclusión: tengo 18 pares de zapatos de invierno. Los de verano ni los conté. Otro día contaré los bolsos y las camisetas, que también dan risa.
Fin de semana del ammmmor
Pues sí, el viernes llegó Laon (de milagro no llega porque una señora loca no quería que el avión despegara, y tuvo que salir el piloto a decirle que se fuera a tomar por culo) y se fue anoche tardísimo. ¡Qué bien, cuánto tiempo! Conocimos al hámster de Claudio, Pepe, un bichito muy mono que de momento sigue vivo y, hablando de animales, también conocimos a la nueva cazadora de piel de conejo de Sandy. Muy elegantota ella.
Y nada, ahora desaparezco hasta las dos porque me voy a hacer de (Rocío) jurado en un concurso de arte joven. Ni me pregunten, es la primera vez que lo hago. En fin, nuevas experiencias.
YA QUEDA MENOS: Para Bruselas, jee jee
VAYA CHORREO: De pasta, con tanto viajecito.
BIEN GASTADO ESTÁ: Digo yo, que sino qué desdicha la mía!