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Imposible empezar
Buenos días:
Como si acabara de bajarme del avión, me siento absolutamente incapaz de hacer la entrada correspondiente a estos cuatro días... IN DES CRIP TI BLES. Por eso lo haré por entregas, y cuando haya meditado lo suficiente.
De momento sólo puedo decir que... quiero volver. Pero con Camelarte.
Berlín me ama
Buenos días:
Tras darle muchas vueltas y dudar mucho sobre cómo empezar, ha llegado el momento en que me lance de cabeza y por fin cuente eso que me tiene, aún a día de hoy, con la satisfacción del trabajo bien hecho y con la garganta destrozada de la mala-buena vida. He decidido no hacerlo por entregas; mejor le daré a la tecla hasta que me muera. Eso sí, lo más descriptivo hubiera sido ver mi cara cuando aterricé el sábado noche; ahí se veían los efectos que Berlín tuvo sobre mí.
El miércoles por la mañana llegué a Barajas aún no muy convencida de lo que iba a encontrar: estaba sola, en Berlín iba a hacer más frío que en Teruel y encima tenía que trabajar. Por una vez en mi vida, llegué a tiempo a algo y allí empecé a ver gente que tenía pinta de pertenecer a la expedición. Finalmente, di con X (llamémosle así porque no sé si querría aparecer aquí), uno de la organización, y ya nos arrejuntamos todos. Ahí ya conocí a dos chicos de una famosa revista de los que no me despegué en casi todo el viaje. Facturación, despegue, llegada a BCN, factuuración, despegue, llegada a Berlín. Allí nevando, noche cerrada pero ya se empezaba a respirar el buen rollo que iba a imperar hasta el sábado por la tarde. Al llegar al hotel empezaron las sorpresas: ver esas habitaciones raras en persona era aún más alucinante que en fotos; la mía era como un bosque, toda en rojo, con olor a maderita y una música de fondo (muy coñazo al final e imposible de quitar) con pajaritos y gente pisando ramitas. Estuvimos como una hora saltando de habitación en habitación con la boca abierta, hasta que unas fragonetillas (que nos acompañaban a todas partes) nos llevaron a un restaurante muy chic a cenar en plan boda. En Alemania, en vez de alargar las cenas con los cafés, tardan casi una hora entre plato y plato, por lo que el vino empezó a correr locamente y cuando nos quisimos dar cuenta los chicos de percusión (esto es un encuentro de artistas, olvidaba decirlo) se pusieron a dar palmas, a hacer ruidos y al poco estábamos los treinta y pico cantando flamenco. ¡Viva España! Y lo mejor, los alemanes encantados de la vida. ¡Somos tan pintorescos! A las dos de la mañana nos fuimos a tomar una copa a un bar y, súper borrachos, nos volvimos al hotel a seguir la fiesta en una habitación que tenía cocina.
El jueves era el día fuerte, que empezamos con resaca y unas caras de espanto, de las que pronto nos recuperaríamos al ver el curso de los acontecimientos. Tras un breve recorrido en bus por Berlín (no íbamos a hacer turismo, una lástima), nos llevaron a una antigua central eléctrica reconvertida en central cultural súper modelna en el este; allí se iba a hacer una fiesta con los artistas españoles, a lo que los periodistas nos dedicamos a zampar en el brunch (nada de gastos, todo cortesía de la casa) y a hacernos fotos como si la central de Springfield fuera. he aquí una muestrecita. Seguro que aquí le dieron mucho electroshock a algún que otro marica disidente...
Después del brunch de la cena comenzó la fiesta. Nos colocaron una pulserita como la que te ponen en el FIB y... HALA! A tirar millas. Mientras que los artistas actuaban, la sala se llenó de la beautiful people berlinesa, admirada por lo simpáticos que éramos los spanien. Yo, caipiriña tras caipiriña, me lo pasaba pipa: ¡Pulsera pulsera! ¡Drinking drinking! Yo no sé a qué hora decidieron que ya nos echaban, pero antes saqueamos una neverita que había en el backstage y nos fuimos cargados de bebidas a seguir la fiesta en la misma cocinita del día anterior. Viva Berlín!
Al día siguiente se supone que había que hacer un encuentro con artistas alemanes, pero prensa escrita decidimos dormir un poco más e ir por nuestra cuenta al chill out donde estaba el contingente españiol. Nos montamos en un metro gratuito (no torniquetes obligatorios =no picar el billete) y rápido y nos depositamos en el este rápidamente bajo una espectacular nevada que me hizo descubrir las formas de los copos. Por cierto, ¿sabíais lo de los semáforos del este que llevan un sombrerito? Ya colgaré la foto cuando el ordenador se digne a dejarme. Allí, en una nave industrial espantosa por fuera y llena de diseñito y calor por dentro, estaban nuestros artistas recostados por los suelos y degustando el brunch. Creo que me voy a poner un brunch en casa, es uno de los mejores inventos de la historia de la alimentación.
LUEGO SIGO: Con la entrada, que me estoy empezando a enrollar y debería trabajar un poquito.
Berlín me sigue amando
Buenas tardes:
Sigo más o menos por donde lo había dejado antes, y con la imagen del semaforito que antes comentaba:
Es muy curioso porque por lo visto sólo los semáforos del este de Berlín tienen sombrerito; en el resto del mundo son esos monigotes que todos conocemos. Además, cuando están en rojo, el muñeco tiene los brazos abiertos. Hubiera querido robar un semáforo, pero a ver cómo se lo contaba yo al tío de la aduana...
Bien, pues retomando el brunch, mis amigos de prensa escrita y yo decidimos irnos de compras por las calles más modelnas del Este tipo second hand que tanta fama tienen en todo el mundo, y la verdad es que acabé en una tienda muy curiosa de first hand comprándome un precioso jersey muy ochentero. Ah sí! Y en second hand adquirí una elegantota toquilla beige y un regalo para Claudio que ya diré lo que es cuando se lo haya entregado. Mientras caminábamos, hacía un frío de tres pares de cojones (no se me ocurre nada más descriptivo) que te cortaba la cara, pero nada más porque iba muy abrigadita de la cabeza a los pies. Volvimos al chill out un par de horas después y continuamos con el brunch de cena, esta vez aderezado por vino, cava y cerveza. Es una lata, el trabajar...
Las fragonetas nos llevaron de vuelta al hotel de la envidia para que descansáramos un rato y luego nos fuéramos al Club Bastard, uno de los más alternativos-cool-jungle de Berlín. Como era de esperar, un grupito de cachondos entre los que yo me encontraba (incluido X de la organización) nos dedicamos a dar por culo por las habitaciones para ver las que aún no conocíamos o hartarnos de las que sí. A las 11 nos recogieron y fuimos para allá, un poco muertos de hambre a pesar del brunch, por lo que nos metimos en un cutrerío a comer lo que para mí ha sido más delicioso del viaje: un perrito caliente. Estaba deseándolo, no podía salir de Berlín sin zamparme en mitad de la calle y con una birra, hubiera sido como no haber estado allí. Una vez ingerido el alimento, comenzó la juerga nocturna en el club modelno. Y bueno, hasta que nos echaron a las 7, 5 caipiriñas y varias cervezas después. A mí ya me dolían los pies como si hubiera llevado unos tacones de 15 cm (aunque iba con mis MUY glamourosas Kickers), pero con la satisfacción del trabajo bien hecho. Cogimos un taxi que nos costó baratísimo hasta el hotel y aún seguimos jodiendo la marrana de habitación en habitación hasta pasadas las 8. X ligó y se llevó al chaval al hotel, y a mí me hizo mucha gracia porque llevaba días insistiendo en las ganas que tenía de llevarse a alguien al catre. Me alegro por X, aunque el chico era un poco feo y alargado.
El sábado por la mañana me levanté hecha polvo pero muy feliz porque lo había pasado fenomenal y ya no tenía resaca porque mi cuerpo se había habituado al alcohol. Lo malo eran los pulmones, que como había fumado como una loca (algún porrillo también) los tenía como un colador. Un grupito de medios nos fuimos a hacer alguna compra berlinesa y... yo arrasé, qué raro en mí. A media tarde nos llevaron al aeropuerto y la despedida fue un poco campamento en plan "tía eres mi súper mejor amiga, te echo ya de menos te amo ai lof yu!" porque todos nos llevábamos fenomenal y nos daba penita irnos. Para no terminar de dar por culo, en el vuelo una chica televisiva y yo nos dedicamos a hacer putaditas a X mientras dormía: pintarle la cara con pintalabios, ponerle gorritos, hacerle fotos con todo puesto... Todo el mundo sufre regresiones, qué le vamos a hacer.
LUEGO VUELVO A SEGUIR: Que tengo que hacer una entrada sólo con conclusiones!!!
Yo amo a Berlín
Buenos días:
Ahora sí que sí, ésta es mi última entrada referida al viaje a Berlín, aunque seguro que en próximas incursiones dejaré caer alguna perlita porque, de verdad, este viaje ha sido LO MÁS DE LO MÁS FASHION Y TOTAL (cito a L-Kan, sorry).
Factores a favor del viaje:
- El hotel, un sueño tipo Neverland en el que Michael Jackson haría su agosto si hubiera habido pipiolos.
- El tabaco gratis, proporcionado por la marca tabaquística que nos invitaba y patrocinaba a todos. Tabaco, mecheros, cerillas, ceniceros, bols... Todo.
- Las consumiciones alcohólicas también patrocinadas, a cualquier hora y del sabor o color que el usuario eligiera.
- El brunch, restaurante, desayuno incluído todos los días, de manera que ha sido también un poco "viaje gastronómico" (vamos, que nos hemos puesto como el kiko).
- Los runners (fragonetas) que nos transportaban a todas partes, de modo que podías ir totalmente borracha que no te la ibas a pegar con nadie porque el conductor te dejaría en la puerta del hotel.
Factores a favor de Berlín:
- Es más barato que Madrid. ¿Quéééé?- pensaréis todos. Pues sí, con el doble de sueldo que nosotros y un nivel de vida notablemente mejor, los restaurantes tienen el mismo precio que en España (o sea que, en proporción, son más baratos), las discotecas más fashion con DJ y actuación en vivo cuestan 5€ y las copas 3,5€ (y allí no conocen la garrafa). Sí, queridos amigos, nos han estafado con lo de que España es el país más barato del mundo mundial. En otros países, como Alemania, tienen unos salarios divinos de la muerte y los precios más o menos como nosotros. Como siempre, los más tontos los españoles.
- El metro es gratis, como ya expliqué ayer.
- Es hipermoderna, con su división este-oeste que diferencia perfectamente la zona más joven-alternativa-bohemia-vanguardista de la ministerial al oeste.
- Es una ciudad segura, no vas todo el rato intentando evitar que te roben el bolso/cartera/vida.
- Está limpito limpito, sobre todo el oeste, la gente no tira ni un papel al suelo.
- La ropa es más barata que en Madrid (sí, hijos míos, nos han vuelto a estafar).
- Tiene un alcalde gay (creo, no estoy segura).
Factores en contra del viaje y Berlín:
- Que no me pude quedar a disfrutar de esa vidorra... un mes más.
- El frío, aunque con una buena chupa y las calefacciones de allí, es pecata minuta.
SALUDOS: A Gattika, que ya está en mis links. Es una videoartista mu majeta!!
ENVIDIA: La que sigue dando este viaje lo mires por donde lo mires.
INDECISIÓN: NO sé si volver a Berlín en breve a poder verlo bien o dedicarme a visitar más Europa para seguir comprobando cómo nos estafan en España.
El semaforito de marras
Buenas tardes:
A ver si hoy consigo que se vea el semaforito! Creo que la historia del sombrero tiene que ver con el deseo de la parte socialista (el este) de diferenciarse del oeste, y empezaron cambiando los semáforos -entre otras cosas-, poniéndoles un bonito sombrero cordobés. Además, los brazos son distintos: el verde tiene sólo uno y el rojo los tiene en cruz.
Cuando cayó el muro (1989 para los incurtos y orvidadizos), se unificó la ciudad pero no los semáforos, que se mantuvieron como recuerdo, curiosidad y divertida chanza. A mí me hicieron mucha gracia, la verdad. Ya que el sombrero cordobés lo llevan éstos, a los españoles yo les pondría una bata de cola. Y olé!

VOLUNTARIOS: Para excursión a Berlín, razón aquí.
Aquellos maravillosos añios
Buenas tardes:
Jó, hacía siglos que no escribía desde casa, me resulta hasta reconfortante el poder saber que ahora puedo estar en pelotas sin que toda la oficina me mire como si estuviera loca.
Ayer fui a una presentación de una crema antiarrugas que te jura por Arturo que si la utilizas durante doce semanas, rejuveneces hasta diez años. Vamos, que tu piel sufre un estirajamiento tal que si diez años menos tuvieras. Me regalaron el tratamiento completo (crema de día, crema de noche y contorno de ojos), y se lo regalé inmediatamente a mi señora madre porque creo que esto es aún pelín inadecuado para mi corta edad. Pero en mi inconsciente idea se empezó a gestar la idea (peregrina) de que esa crema no sólo te rejuveneciera la piel, sino también la cabeza, así que me imaginé que yo me echaba eso y de repente tenía diez años menos. Así que me puse a rememorar mis hazañas... en 1994. Yo era una tierna niña de casi 14 años, aún no iba ni al instituto (estaba en 8º de EGB, qué tiempos no como ahora que hay la ESSSSSSO!). Aquellos maravillosos años (suene canción "A little help from my friends cantada por Joe Cocker)...
Me levanto a las 8,30 de la mañana para ir al cole. Mierda, es demasiado tarde así que no podré lavar mi larguísima y lisa melena castaña con flequillo, así que me tendré que hacer coleta, porque imagínate que Manuel M. (jó me gusta tanto, desde 7º!!, tííía!) hoy habla conmigo y se da cuenta de que tengo el pelo sucio. Esta noche, en cuanto llegue de ballet, me lo lavo. Tengo que coger la mochila, jó como pesa el libro de historia. Menos mal que el año que viene en el insti dan apuntes, y no me pesará tanto la mochila.
Llego a clase a las 9 un poco pasadas pero da igual porque los profesores me adoran. "¡Aaaay es tan mona Patata! Y es muy empollona, a pesar de aquel novio (el primero,jeje) que se eché el año pasado, el Abraham ese con coletilla que fumaba y tenía un pequeño historial delictivo." He tenido mucha suerte este trimestre, que me han sentado al lado de Manuel M. Apenas hablamos, pero seguro que le gusto un poco porque además él sabe que ya me he liado con algunos chicos (eh pero sin abusar, que a mí no se me tocan ni el culo ni las tetas ni nada de eso! Estaría bueno...) y estoy medio experimentada. Yo sé que él sólo se ha enrollado con una, pero bueno.
Uff, las cuatro qué ganas de salir del cole. Menos mal que tengo a mis mejores amigas del mundo mundial, Miriam, Irenita y Mercedes, que sino el día se me haría larguísimo. La verdad es que no creo que pudiera tener mejores amigas, nos adoramos tanto (sobre todo desde hace dos días, nuestra última pelea seria) que yo creo que seremos amigas siempre. Nuestros hijos crecerán juntos, envejeceremos juntas... Jó, será superguay. Además iremos juntas al instituto también, y se nos dará fenomenal porque ya hemos aprendido a tomar apuntes, que nos han dicho que es lo más chungo del insti. Pero lo haremos súper bien porque después queremos ir a la universidad. Yo creo que seré profesora como mi madre, es lo que más va conmigo.
Bueno, ahora me voy a inglés y después a ballet. Ya he hecho los deberes escuchando a Bon Jovi, mi grupo preferido de todos los tiempos. ¡Es taaaaaan guapo! Me regaló mi primer novio Abraham la cinta por mi cumple el año pasado. Fue un poco raro, porque me la regaló sin el plastiquito que la recubre. A lo mejor la robó pero no creo.
Y ésta era más o menos la jornada de una patata con 13'5 años. Lo normal, no?
SALUDOS: A Irenita, Mercedes y Miriam, de las cuales no sé nada desde 1995. Y a Manuel.
Ellos las prefieren muy muy gordas, gordas, gordas gordas, súper gordas gordas g
Buenas tardes:
La anterior entrada me ha dado pie, indefectiblemente, a escribir ésta. Todo viene por el recuerdo de mi ex-súper-ultra-réquete mejor amiga del cole Mercedes, hace diez años una chica normal y hoy una auténtica mole de 90 kilos con pinta de madre de seis retoños. Un lector (David) se preguntaba hoy si a una mujer le provocaba más placer un cunnilingus o saber que alguien que odia está más gorda que ella. A esto yo he respondido que, evidentemente, lo segundo.
Y es que hay ciertas personas que tenemos una extraña relación con la gordura, sobre todo cuando siempre nos está amenzando por doquier con arruinarnos la vida, por eso lo consideramos como la mayor cruz que le pueda caer a alguien, como la peor maldición. Por eso, cuando nos enteramos de que alguien ha superado el límite de "rellenita simpática" a "morbidez desagradable", no es que sintamos una punzada de placer, pero sí te alegras de no ser tú, y de que sea esa tipa que a lo mejor te ha hecho algún tipo de putada imperdonable. ¿Castigo divino? Quizás. ¿Dejadez absoluta? Segurísimo. Más que alegrarte, lo que sientes es como una especie de tranquilidad, como cuando vas por la calle y le caga un pájaro al de al lado, pero a ti no. ¡UFFFF! Me podía haber tocado a mí! Pero no!
Aprovecho esta entrada para recordar ciertos apuntes, unas sencillas nociones que hay que tener en cuenta para tratar la gordura con ciertas personas como yo:
- Es preferible no decir nada a soltar un "Vaya, te veo más gorda". No queremos sinceridad, preferimos falsedad o silencio.
- Aunque sea por decir algo, siempre sienta bien un "te veo más delgada", que un "qué guapa estás".
- Aunque se diga "ay, me veo más gorda", siempre hay que responder "No, qué dices", porque sino es como afirmar que sí estás más gorda. Mucho cuidado con esto, hay que responder al instante, no dejar pasar un rato.
- Cuando se dice "fulanita/o está así más o menos como yo", hay que responder siempre "no, tú eres más delgada", aunque se sepa a ciencia cierta que no.
Estos consejos valen para novios, amigos y conocidos, que los conflictos se pueden dar con cualquiera.
SUERTE: A Mercedes, si es que me lee. Yo si fuera tú me pondría a régimen, aunque fuera sólo por salud.
MIS RESPETOS: A todos aquellos con sobrepeso, entre los que sospecho que me encuentro.
BON PROFIT: A todos los demás.